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El perder en los videojuegos y la tolerancia a la frustración

2014-09-03
3 comentarios

Perder o experimentar una situación de derrota en la mayoría de los casos está acompañado por el sentimiento de frustración, ya sea al perder un trabajo, un negocio o una oportunidad; en cualquier caso el perder, ya sea en la vida real o en un videojuego es algo que siempre va a generar reacciones concretas en nuestras emociones y depende de nosotros el saber sobre llevar estas adversidades.

Los jugadores aficionados desde hace décadas han estado en contacto con títulos clásicos extremadamente complicados de jugar, ya sea por la complejidad de sus escenarios o por lo restringido que eran los movimientos de los personajes; en ese sentido, las limitaciones técnicas que existían para entonces contribuían de manera directa en el nivel de dificultad que ofrecían los videojuegos. Es así que para poder finalizar un juego de NES por ejemplo, había que intentarlo cientos de veces hasta lograr memorizar las secuencias y los ritmos que debería seguir el jugador para lograr pasar el juego, muchas veces había juegos que ni siquiera tenían la opción de password (extremadamente complejos algunos), ni mucho menos la posibilidad de grabar las partidas. A raíz de todas las limitaciones de aquel momento, el reto de finalizar un juego era inmenso; tanto así, que algunas veces había que dejar pausado el cartucho muchas horas mientras se dormía o comía algo, para nuevamente continuar con la partida sin necesidad de hacerlo desde el inicio, pues algunos títulos solo contaban con la opción de continuar inmediatamente o reiniciar y empezar desde el comienzo.

En ese tipo de situaciones perder se convertía en algo terrible y paradójicamente muy común, pero a pesar de la inconformidad, el dolor, la incomodidad o la frustración que se experimentaba, se debía aceptar tal situación. Muchos fueron los jugadores que después de perder en los últimos stages de clásicos como Super Castelvania IV (íd.; Konami, 1991) o Battletoads in Battlemaniacs (íd.; Rare, 1993) por ejemplo, corrían súbitamente a desconectar la consola, pues el solo pensar en pasar los escenarios nuevamente desde el inicio, causaba un agotamiento mental.

De esa manera, basándonos en Palomero y Fernández (2001); la definición de frustración en psicología muchas veces está acompañada por sus consecuencias u orígenes, autores como Dollard, Doob, Miller, Mowrer y Sears (1939) la definieron en su momento bajo las teorías de la frustración-agresión como “el resultado de un bloqueo en la consecución de metas…”; dichos autores se basaron en la primera hipótesis de Freud, quien entendía a la agresión como una respuesta a la frustración de los instintos. De esa manera se manifestaba que la frustración y la agresión eran fenómenos complementarios, aseverando que la agresión siempre sería la respuesta indisoluble a la frustración. No obstante aunque en muchos de los casos la respuesta a la frustración es la agresión, no significa que siempre sea de esa manera, ya que la respuesta a la frustración puede ser la resignación u otro tipo de emoción; aunque es cierto que experimentar una situación altamente frustrante bajo mucho estrés, puede generar una predisposición para una reacción agresiva, sin embargo la frustración no provoca agresión de forma directa.

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Ahora bien, como animales sociales y culturales, los seres humanos debemos y necesitamos vivir en comunidad, para ello es indispensable la comunicación y el entablar constantemente relaciones, ya sean familiares, laborales, etc. En ese ejercicio relacional aparecen una gran diversidad de personalidades, temperamentos y formas de ser, unas compatibles con las nuestras y otras no tanto, por lo que es normal que se generen inconformidades e inconvenientes entre aquellos que se relacionan, es por ello que los ejercicios de mediación, conciliación y tolerancia son necesarios para llevar una vida social estable y más en una era en donde las actividades cooperativas resultan imprescindibles para la realización personal y el desarrollo social.

Desde sus inicios, podríamos considerar a los videojuegos como dispositivos para la práctica sobre el control y manejo de algunas emociones, como la paciencia, la ira, la frustración, entre otras. Es entonces donde los ejercicios de perder y aceptar la derrota constantemente, pueden contribuir a un aumento en la tolerancia a la frustración.

A pesar de que hoy los juegos ofrecen más posibilidades para grabar partidas y personalizar las exigencias, el perder en un videojuego tiene la misma o más importancia que en décadas pasadas, pues los jugadores ya no solo juegan por diversión sino por competir y participar en torneos a diferentes escalas, situación que pone en juego más que solo la victoria o la satisfacción de ganar, ya que existen premios en metálico que agregan un elemento adicional a lo que se experimenta en la conclusión de un juego o una partida.

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Cuando se está en una partida de competencia, en donde se aspira a obtener reconocimiento, un trofeo o una recompensa muy alta en efectivo, los niveles de estrés mientras se juega son extremadamente altos; a diferencia de un practicante de deporte físico como el fútbol en donde gran parte del estrés ganado por la presión se diluye en el ejercicio físico, para el caso de los videojuegos, ese porcentaje de estrés no es eliminado por el jugador, situación que agudiza más la presencia del estrés y por supuesto de la predisposición a la frustración.

En los juegos cooperativos online de competencias como League of Legends‎ (íd.; Riot Games, 2009) por ejemplo ocurre algo adicional, además de sentir frustración por una derrota y tener que enfrentarla con tranquilidad, debes también soportar la respuesta del equipo al que perteneces, ya que muchos expresarán su inconformidad con lo sucedido en la partida, ya sea culpando a los compañeros, otorgando responsabilidades y/o difícilmente aceptando la derrota, pues cada sujeto reacciona de manera distinta a determinadas situaciones o estímulos, por lo que en una situación de fracaso se dilucidan diversas reacciones; se debe entonces ser tolerante, no solo con la derrota en sí misma y superarla, sino con las reacciones de todos aquellos que han participado en la partida, más aun cuando la derrota no depende de un solo jugador sino de la habilidad o desempeño de los compañeros de juego, lo que agudiza la sensación de frustración, pues está más allá de las posibilidades individuales, situación que exacerba las capacidades del sujeto jugador.

Estas tecnologías de juego, tomadas con sobriedad, podrían ser excelentes entrenadores para el control de la ira o la tolerancia a la frustración, sin mencionar las demás ventajas que se pueden obtener y que bien se han descrito en muchos textos, como el trabajo en equipo y afines. Títulos como League of Legends además de incidir implícitamente sobre estas competencias emocionales, premian de manera explícita el comportamiento de los jugadores con reconocimientos que resaltan e incentivan las cualidades positivas, ya que de acuerdo a la conducta puedes ser visto como un rival honorable, una persona amigable y cooperativa o en su defecto puedes ser reportado por una actitud negativa en varios matices.

Ahora bien, a medida que se va ganando madurez en este tipo de juegos, la tolerancia a la frustración va aumentando y los jugadores asimilan de mejor manera una potencial derrota, dominando poco a poco el sentimiento de frustración; este ejercicio no solo se aplica al escenario del juego, ya que las habilidades ganadas en el ejercicio de jugar pueden ser llevadas con éxito a contextos de la vida personal, como lo hemos planteado anteriormente.

Por lo tanto, los videojuegos pueden concebirse como una herramienta que nos enseña a ser conscientes de que la derrota, así como la victoria, es una posibilidad factible. En ese sentido, el perder y más aún el saber perder, se convierte en algo en lo que debemos ser competentes a nivel emocional, ya sea en un entorno virtual o en la realidad análoga. Así, aunque seamos inducidos desde la infancia solo a visualizarnos rodeados siempre de éxitos y victorias, mientras luchamos por obtener nuestros triunfos, debemos estar preparados en caso de ser vencidos, incluso para cuando en la pantalla de nuestra vida aparezca el mensaje: “Gameover”.

Referencias


  • Palomero Pescador, J. E. & Fernández Domínguez, M. R. (2001). La violencia escolar, un punto de vista global. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, (41) 19-38.

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  • Imagen de perfil de Alvaro Acevedo M.Alvaro Acevedo M.
    Participante
    #55030

    Sobre el arte de fallar

    Lee el artículo completo en http://www.zehngames.com/investigacion/el-perder-en-los-videojuegos-y-la-tolerancia-a-la-frustracion/

    Imagen de perfil de CarlosCarlos
    Participante
    #55035

    Interesante artículo. Gracias por tu aportación.

    Imagen de perfil de Alvaro Acevedo M.Alvaro Acevedo M.
    Participante
    #55046

    Gracias por su comentario, me alegra mucho que haya sido de su agrado.

    Saludos.

    Imagen de perfil de Obilum_devObilum_dev
    Participante
    #57829

    Crecí con los juegos de 8 y 16 bits y sufrí aquellas frustraciones continuas de “morir” mil veces…pero lo intentaba una y otra vez hasta alcanzar el final de cada juego. Al igual que lo hacía entonces lo hago igual en mi vida real ante cualquier problema, nunca tiro la toalla, estudio el problema y lo intento otra vez…hasta llegar al final! Sin duda creo que no sería el mismo si no hubiese experimentado jugar a videojuegos durante toda mi vida.

    Chapó por este artículo.

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