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Panorama sonoro en Ori and the Blind Forest

2015-11-13
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Ori and the Blind Forest developers ost zehngames
 
¿Por qué jugamos a videojuegos? Algunos lo hacen para evadirse de la vida cotidiana, otros para competir contra sí mismos, la gran mayoría por mero entretenimiento, para aprender, etc. Indistintamente del motivo, la estimulación se encuentra a todas las motivaciones que podamos nombrar y así, con la elevada cantidad de títulos a nuestro alcance resulta cada vez más difícil para los desarrolladores y para los jugadores mantener viva la llama de la innovación que nos estimule y provoque en nosotros reacciones emocionales para mantenernos jugando, que es de lo que se trata al final.

Ori and the Blind Forest (Moon Studios, 2015) no hace su mayor apuesta en la innovación de las mecánicas de juego, pues el género “metroidvania” ha sido explotado en casi todas las generaciones con resultados dispares, en muchos casos debido a que precisamente el apartado artístico no ha sabido estimular la mecánica de juego para hacerla atractiva y así superar las mesetas donde el jugador pueda aburrirse, generalmente cuando tiene que volver sobre sus pasos. Sabedores de ello, apuestan todas sus cartas a lo artístico, ya sea desde un bellísimo apartado visual donde parece que estamos jugando dentro un lienzo, un genial prólogo cuya narrativa nos hace empatizar instantáneamente y cómo no, de una banda sonora por parte de Gareth Coker hecha para perdurar.

La intención musical de toda la obra no juega a la ambigüedad y queda expuesta desde el genial leitmotiv que escuchamos en la pantalla de menú, donde se busca transmitir además de la sensación de fantasía y aventura, la pérdida y el descubrimiento que posteriormente encontraremos al jugar. El prólogo antes mencionado sirve para asentar definitivamente el papel crucial que la música va a tener durante todo el desarrollo del juego, pues nos define el carácter de los personajes a través de los entornos en los que se mueven, siendo el viaje de nuestro protagonista quien lo concluya.

A nivel funcional, la música debe concebirse para describir cada zona de forma inequívoca y sin que destaque ninguna sobre otra, ya que en todas ellas (salvo eventos concretos de combates y huidas) las mecánicas que encontraremos serán las mismas. Cuestión distinta es que no todas las zonas son accesibles desde el primer momento y añadan matices conforme se avanza, de tal manera que cuanto más nos alejamos de la zona central, los escenarios y música se tornan más oscuros. El disparador de la música es el escenario, qué duda cabe, pero su transición, al contrario que en otros juegos como Castlevania: Symphony of the Night (Konami, 1997), es mediante fundidos cruzados, reflejo de la evolución técnológica que deja atrás esas pantallas de carga forzadas donde cada bucle era precedido de un pequeño tema introductorio. Sobre la duración de los temas, la media de minuto y medio suele ser lo habitual para evitar la saturación y sin llegar nunca a detenerse, enlaza perfectamente con los demás planos sonoros (efectos, foley, etc), de tal manera que nunca se pisan.
A nivel artístico, el piano, percusión y maderas priman sobre las demás familias de instrumentos, algo muy de agradecer hoy día en todos los ámbitos músicales, donde se tiende a explotar el tándem que forman las cuerdas junto con metales y percusiones tocando en fortissimo pedales motor hasta la saciedad. Por el contrario, los temas ambientales que encontramos aquí se interiorizan rápidamente gracias a unas melodías que empujan al jugador inconscientemente a jugar, saltando, apurando los ataques, etc. En definitiva, arriesgando, donde otro tipo de música con menos movimiento podría caer en la monotonía y en consecuencia que la experiencia de juego decayera. Mención especial merecen los eventos de combate y los de escape tras encontrar cada elemento, pues la intensidad narrativa que se consigue es totalmente destacable, ya que en estos eventos tendemos a olvidarnos de todo lo artístico (incluso por los propios desarrolladores) para superarlo y es curioso comprobar cómo la música no abandona su carácter y sigue describiendo, en vez de con la angustia esperada, con positividad.


 
Puede que quizá el único punto negativo que se le pueda encontrar a este genial trabajo, y se trata de una apreciación totalmente subjetiva, sea que se incide demasiado en un único leitmotiv y que éste llegue a perder su frescura. Nos lo encontramos en demasiadas ocasiones y bajo diversos motivos no dejando respirar a otros temas, perdiéndose así la oportunidad de haber desarrollado otras composiciones como contrapunto. Para reforzar el sentimiento coral de la historia, para realzar la sensación de unidad narrativa…la cuestión es que el genial tema queda tan soldado al juego que hace olvidar otros temas remarcables. El tiempo dirá si nos encontramos ante una joya del videojuego que casi seguro garantizo al lector le hará sentir como antaño, y eso hoy día, con la saturación antes mencionada, ya es de por sí un factor a tener en cuenta. Y para los que componemos música y sufrimos deformación profesional recomiendo escuchar esta genial banda sonora para recordar esos primeros momentos de descubrimiento, que no es poca cosa.
 

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