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Crusader Kings 2: La intriga y la conclusión – Parte IV

2013-09-11
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Nos quedamos en la anterior entrega reflexionando sobre los aspectos más materiales del conflicto medieval, la violencia física y los territorios. En esta nueva y última entrega del reportaje dedicado a Crusader Kings 2 (id.; Paradox Development Studio, 2012) vamos a pasar a otro de los elementos clave del período, las intrigas palaciegas. Los desarrolladores del juego supieron ver en este aspecto uno de los resortes políticos más importantes de la Edad Media y le dedicaron una expansión completa a fundar y consolidar un sistema de facciones para cada reino. Sistema de facciones que ha dado mucho que hablar, pero de ello nos ocuparemos más adelante.
La intriga es otro de los elementos esenciales de este juego, y una de sus mejores características son las conspiraciones. Estás eran usuales, incluso cotidianas, en la época. Las intrigas palaciegas, las conspiraciones para borrar del mapa a un enemigo o un rival en la línea de sucesión de algún territorio deseado serán algunos de los primeros objetivos, pero no los únicos. Acabar con la vieja esposa de tu personaje para volver a casarle con una veinteañera, alzar a un familiar para que obtenga un gran título, arrebatar el título de un condado o ducado a un vasallo, etc., serán decisiones habituales a lo largo del juego. Y para llevarlas a buen puerto será necesario contar con partidarios, con amigos que ayuden en los oscuros propósitos de tu jefe de espías. Para ello uno de los primeros pasos será intentar añadir a otros personajes a la conspiración. Muchos ayudarán por sus propios motivos a otros será necesario convencerlos con promesas de tierras y riquezas. Sin embargo hay pocas situaciones más placenteras que comenzar una partida con Castilla y arrebatar en los primeros momentos del juego la vida a los reyes vecinos para heredar Galicia y León. Este es un solo ejemplo, la maldad intrínseca de tu alma será el techo que limitará en el juego el triunfo a través del lado oscuro de la vida. Aunque claro está, también podrá ser la vida de tú alter ego la que se encuentre amenazada por sus vasallos. Como ya le ocurrió al gran rey visigodo Wamba (¿? – 688), presa de una conjura protagonizada por Ervigio (¿? – ¿687?) Quien drogó y encerró en un monasterio al rey, haciéndose coronar él como nuevo monarca. La vida de tu personaje o la de los hijos del mismo serán unos bienes muy preciados necesitados de protección y de la mayor de las cautelas.

Los asesinatos y las conjuras no son los únicos elementos de intriga dentro del juego. El siguiente y último apartado serán las facciones que se formen en el reino. Los objetivos de estas facciones serán muy diferentes y variadas, colocar a un pariente en el trono, traer a un extranjero para ofrecerle la corona, rebajar la autoridad real, etc. Sin embargo todas se traducirán en lo mismo: problemas. Si una facción se torna muy poderosa la guerra civil será inevitable, y no hay nada peor como una guerra civil. Claro está, que si encarnas a un noble o un vasallo con aspiraciones al título inmediatamente superior no habrá nada mejor que crear una facción, añadir a aliados y amigos para ayuden y echen del solio real al malvado monarca. En la época feudal solo un factor podía hacer que el vasallo se levantará contra su señor: el incumplimiento por parte del monarca de las leyes feudales. Entonces el vasallo podía desnaturalizarse de su señor y emprender una guerra justa contra él. Esta desnaturalización, lamentablemente, será algo recurrente a lo largo de la partida, como hablaremos más profundamente unas líneas más abajo. Facciones nacidas del reflejo histórico, estas eran muy frecuentes en el Imperio Bizantino, pero también, por ejemplo, en el reino castellano donde en muchas ocasiones los nobles o miembros de la realeza como por ejemplo Sancho IV (1258 – 1295), se levantaron contra el poder establecido, en este caso contra su padre, Alfonso X el Sabio (1221 – 1284), destronando al presente rey y nombrándose ellos mismos monarcas con la ayuda de facciones aliadas dentro del reino.

Los rasgos positivo de este juego no quedan aquí, existen cientos de detalles que harán sonreír al jugador con ciertos conocimientos de historia durante todo el juego: los acontecimientos históricos, la proclamación de las cruzadas, el nacimiento de las herejías medievales, el papel del Papa y del emperador en la política internacional, la fragmentación de Francia, el desarrollo de las repúblicas mercantiles, el nacimiento de Rusia, la restauración del Imperio Romano, la creación del Reino de Jerusalén, el papel protagonistas de tus consejeros y ministros, las tácticas estratégicas en las campañas militares, el control de las tropas, los intrincados sistemas de acceso a los tronos imperiales, y especialmente las historias personales que se irán fraguando en torno a los personajes dotándolos incluso de personalidad, además de un larguísimo etcétera que el videojuegador solo podrá descubrir tras muchas y muchas horas de juego son pequeños detalles con los que nos irá deleitando este magnífico juego de estrategia, simulación y rol histórico.

Sin embargo no todo puede ser bueno. Este juego tiene grandes males. El primero es la falta de tutorial o manual que enseñe los pilares básicos. Entrar en una partida sin tener una holgada experiencia en este tipo de juegos y sin conocer las funciones básicas será una tarea imposible. Serán necesarias muchas partidas y muchas horas para conocer todos sus secretos. La segunda gran mácula es su dificultad. El juego posee una dificultad artificial, el incremento de esta no atiene a factores como pueden ser la mejora de la IA, una mayor belicosidad o una mejora en el planeamiento de las guerras y la política interior y exterior, sino que simple y llanamente se le permite al ordenador hacer trampas. La IA contará siempre con mejores y más soldados, así como con un presupuesto aparentemente ilimitado que hará que nunca desmovilicen a sus tropas, sus líderes serán intocables, los asesinos no podrán alcanzar ni a pisar su sombra, etc. Al inicio de la partida los territorios musulmanes serán capaces de enviar riadas de enemigos salidos de la nada. El tercer problema son las denominadas facciones, las cuales se encuentran muy mal implementadas en el juego. Más de la mitad de la partida se consumirá intentando evitar su fragua, utilizando tu maestro de espías de región en región para que acabe con estas facciones, exponiendo al reino a una guerra civil en cualquier momento. La partida se verá arruinada en muchas ocasiones y el ritmo se verá empañado por la incesante marea de facciosos. Llegará el punto de incluso apagar el ordenador solo por la exasperación que producen los continuos levantamientos.

Sin embargo estas manchas no empañan el acabado del juego, este te atrapará sin misericordia durante cienes de horas y encontrará su lugar en el escritorio por años. Crusader Kings 2 (id.; Paradox Development Studio, 2012) es sin duda la recreación más fiel y verosímil del período medieval y hará que nos acerquemos a él “sin emotividad” solo y únicamente “para ver en acción hombres y estructuras del pasado, como en un laboratorio, sin nostalgias y exorcismosal igual que se acercó Giuseppe Sergi en su apasionante obra “La Idea de Edad Media”.

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