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Crusader Kings 2: El peso de la diplomacia – Parte II

2013-05-22
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Una de las grandes bazas del juego es la perfecta inclusión de la diplomacia. Si en el resto de los otros juegos de Paradox el apartado bélico es el que salía beneficiado, en Crusader Kings 2 (id.; Paradox Development Studio, 2012) la palabra adquiere un peso fundamental. Las alianzas establecidas mediante el matrimonio de hijas o hermanas con herederos o gobernantes de los demás reinos serán vitales para sobrevivir durante los primeros años de partida. No existen acuerdos diplomáticos que no estén basados en la sangre o en el uso y disfrute conjunto del catre. Casar a uno de los descendientes del jugador con una princesa alemana será todo un seguro de vida en este juego. Como le ocurrió a Fernando III (1199 – 1252), rey de Castilla y de León, al casarse con Beatriz de Suabia (1205 – 1235), nieta del emperador Federico I Barbarroja (1122 – 1190), matrimonio que le valió el apoyo del Sacro Emperador y la posibilidad de acceso al solio imperial de su hijo Alfonso X (1221 – 1284). Pero no sólo el tema de las alianzas ha sido plasmado a la perfección, las herencias son uno de los pilares del mismo. Casar con acierto al gobernante o al heredero será de mucha mayor importancia que las conquistas militares que hagas. Aspecto fiel a la Historia, para todos es conocido el caso de Carlos I (1500 – 1558) de España y V de Alemania quien, mediante las herencias recibidas de sus abuelos, llegó a dominar más de la mitad de los territorios de Europa Occidental durante el siglo XVI. Las posibles herencias que se abren con el matrimonio y las habilidades que aporte la esposa de tu personaje serán aspectos capitales para el desarrollo de tu partida.

El protagonismo femenino es otro aspecto extraído de la realidad histórica medieval. Muchas fueron fundamentales para la Historia de España, ejemplo de ello son mujeres de la talla de Urraca (1081 – 1126), madre de Alfonso VII el Emperador (1105 – 1157), o Berenguela I de Castilla (1179 – 1180), mujer de Alfonso IX de León (1171 – 1230) y madre de Fernando III el Santo (1199 – 1252), por poner dos ejemplos, pero también lo fue Petronila (1136 – 1173), hija de Ramiro II el Monje (1086 – 1157) quién, tras casarse con Ramón Berenguer IV (1113/1114 – 1162), unió las coronas de Aragón y Barcelona. Dentro del juego, la mujer del gobernante será igual de importante. Cabe decir que una mujer podrá ser también la gobernante de tu heredad si las leyes dinásticas dentro del juego así lo establecen, un sólo ejemplo de este pequeño apartado: será vital casar al heredero de tu personaje con una mujer que posea una habilidad administrativa alta, de esta manera sus puntos de habilidad se sumarán, pudiendo abarcar la administración de una heredad mayor y consiguiendo, por tanto, un aumento considerable de los impuestos recibidos, pero también del número total de tropas para levantar mediante las levas. Y no será esta la única baza a tener en cuenta, tener una viuda antigua reina consorte como regente de su pequeño hijo calmará al reino y evitará las luchas civiles por el poder, como ya ocurrió con María de Molina (¿1264? – 1321) en el reino Castilla durante la minoría de su nieto Alfonso XI (1311 – 1350). Todo esto es Crusader Kings 2, microdecisiones que tienen un profundo impacto en el desarrollo del juego que no se mostrarán hasta avanzada la partida, una perfecta simulación del período medieval.

Tomar cualquier decisión, por pequeña que sea, generará muchísimas precauciones. De nuevo vemos el reflejo en la Historia Medieval Hispánica con personajes como Alfonso I el Batallador (1073 – 1134), rey de Aragón, quien decidió legar su reino a las Órdenes Templarias, Hospitalarias y del Santo Sepulcro, decisión a la que se opusieron rotundamente los nobles del reino, quienes sacaron del monasterio al hermano del rey, Ramiro II el Monje (1086 – 1157). Este último no quiso la corona de Aragón y ofreció a Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, la mano de su hija, Petronila, uniendo con este matrimonio los dos territorios, naciendo el histórico Reino de Aragón formado por los territorios catalanes y aragoneses. Cualquier decisión, por fútil que parezca, tendrá graves repercusiones en la Historia.

Por último, en el tema de la diplomacia, se encuentran los vasallos. Serán la mosca detrás de la oreja durante todo el juego, al igual que lo fueron durante el período histórico reflejado, como ocurrió con Rodrigo Díaz de Vivar (1048 – 1099), expulsado del reino de León por albergar aspiraciones al trono. Mantenerlos felices es todo un reto a la altura de muy pocos. Saber balancear su poder dentro del reino es fundamental para llevar a buen puerto tus labores como soberano. Alfonso X el Sabio (1221 – 1284) no supo tratarlos de la manera adecuada, les exigió demasiado para lograr alcanzar el Imperio Alemán y estos, sus vasallos, se lo pagaron rebelándose contra él y apoyando a su hijo Sancho IV el Bravo (1284 – 1295) para finalmente provocar su muerte. Atarlos corto hará que su opinión sobre tu personaje sea muy negativa, pero no mantenerlos a raya traerá aún más amargas consecuencias, como le ocurrió al rey Sabio, entre otros muchos más. Evitar que adquieran tal fuerza que puedan llegar a desafiar al poder es una de las primeras misiones que tendrá un rey. Será necesario repartir los títulos entre las familias más pudientes, evitando en todo momento la concentración de títulos en algunos personajes. En la Historia, muchas familias nobles adquirieron el poder arrebatándoselo a sus propios reyes: los trastamaras a los jimenos durante la Primera Guerra Civil Castellana (1351 – 1369), los jimenos a la casa de Asturias tras la muerte de los sucesores de Alfonso III de Asturias (848 – 910), los carolingios a los merovingios con la deposición de Childerico III (714 – 754/755) por Pipino el Breve (715 – 768), los capetos a los carolingios tras el ascenso de Hugo Capeto (940 – 996), etc. Pero, con mano dura y mano izquierda, tus vasallos seguirán los designios de tu personaje y remanarán en su dirección, a no ser, claro está, que haga acto de presencia algún vasallo que, según sus habilidades o rasgos, sea incompatible con su señor.

“Making the game easy to learn, but hard to master has probably been the main challenge”.1

Entrevista a Henrik Fåhraeus, jefe de proyecto Crusader Kings 2.

Todos los personajes tienen sus puntos de habilidades repartidos en marcial, administrativo, aprendizaje, intriga y diplomacia; además de la riqueza, el prestigio y la piedad, junto con otros demás rasgos personales de carácter que irá adquiriendo a lo largo de su vida. Todas estas puntuaciones y atributos provocarán que destaquen en unos campos más que en otros; además, podrás moldearlos a tu antojo fijando educadores para los hijos de tu alter ego en el juego. Otro aspecto que representa magistralmente la Historia si atendemos a casos como el de Jaime I el Conquistador (1208 – 1276), que fue educado por Templarios, quienes le inculcaron al joven la idea de Guerra Santa que más tarde emplearía para la conquista de Valencia (1229 – 1245) y Mallorca (1229 – 1231). Este sistema de puntuaciones y rasgos personales le otorga al juego otra capa de complejidad más, enriqueciéndolo de manera espectacular.

La religión será un punto esencial en este título, como no podría ser de otro modo en un juego basado en la Edad Media, “la Edad Media está hecha para resaltar sin cesar a la Iglesia, en especial cuando la barbarie se aumenta para acentuar el papel tutelar y salvador de la misma” nos apunta Dominique Barthelemy en su obra El año mil y la paz de Dios: la Iglesia y la sociedad feudal2. Tener el beneplácito del Papa o no tenerlo serán aspectos que marcarán de manera decisiva el desarrollo de tu partida. El claro ejemplo histórico de este aspecto del juego es Pedro III el Grande (1239 – 1285) de Aragón quien, excomulgado por el Papa Martín IV (1210 – 1285), fue objeto de Cruzadas contra su reino (1284 – 1286) lideradas por el reino de Francia. Gracias a las buenas relaciones con el obispo de Roma nuestro personaje podrá declarar fuera de la fe a sus enemigos excomulgándolos, permitiendo así a otros atacarle mediante el casus belli originado por dicha excomunión. Pero no queda aquí su influencia, también podrá declarar cruzadas contra los belicosos enemigos del sur pertenecientes a otra fe, ataques que en muchas de las ocasiones serán sufragados por el Obispo de Roma. Las Cruzadas serán un elemento decisivo en el juego, declarar una contra un vecino musulmán será garantía de éxito. Sin embargo las Cruzadas históricas serán difíciles de conseguir. La participación en las mismas tendrán en cuenta el grado de colaboración y participación, quien más tropas mande, quien más musulmanes mate, será quien se quede con los territorios conquistados, como ya ocurrió en el siglo XII y Francia.

Participar en una Cruzada será un aspecto muy, muy caro que se tendrá que calcular con ojo de usurero. Por supuesto, no son los únicos elementos; la creación de Arzobispados, la posibilidad de erigir a tu propio candidato Papa para que te beneficie incondicionalmente – como ya hiciera Federico I Barbarroja (1122 – 1190), emperador de Alemania – o la contratación de las Órdenes Militares para que te ayuden en tus guerras contra los enemigos de tu fe serán aspectos fundamentales para llevar a buen puerto tu estrategia militar contra los enemigos (y amigos) de la fe. Claro que también tendrá su contrapunto: si la dinastía que conduces consigue suficiente poder, la excomunión impuesta por los rivales a la familia no tardarán en llegar, compartiendo así la misma suerte que Felipe II de España (1527 – 1598) cuando fue excomulgado. Otro problema religioso serán las herejías. Surgirán por todos los territorios y serán de todos los colores, pero todas se materializarán de igual manera: rebeliones y guerras. Siguiendo el ejemplo de los cátaros en el Languedoc durante el siglo XIII, brutalmente erradicados de este mundo.

  1. Henrik Fåhraeus. Extracto de una entrevista realizada para el blog Alternate History Weekly Update.
  2. Dominique Barthelemy. El año mil y la paz de Dios: la Iglesia y la sociedad feudal. Ed. Universidad de Granada. 2006. Granada.

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