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Plasticidad perversa

2013-03-13
1 comentario

No cabe la menor duda de que estamos en un momento social cuanto menos cuestionable. La sociedad vive un perpetuo estado de crisis de valores y aquello que se conoce como moral y ética pierde peso, pese a quién le pese, dejando paso a lo macabro, morboso, y por qué no decirlo, escabroso. Nuestra sociedad edulcorada sufre hoy en día lo que se conoce como deshumanización. Muchos son los que dentro de este sistema de bienestar petulante han crecido creyendo que la vida funciona tal y como narran los cuentos de hadas filtrados de la mano de la, cada vez más global, Walt Disney. La perversión nace del deshacer algo para cambiarlo y adaptarlo a un nicho concreto de la manera más adecuada. Perversión, por el contrario, que salvo excepciones, suele empeorar el producto original, despojándolo del sentido por el cual fue concebido, quedando por tanto, huérfano de padre y madre.

Los cuentos de hadas, ¡Sí! aquellos que ofrecían finales edulcorados y nada trascendentales, pero que por el contrario nos hacían creer que el mundo es un lugar maravilloso despojado de todo mal existente, no fueron inicialmente creados para este fin. Éstos, eran moralejas vestidas dentro del arte literario para enseñar e indicar a quien lo leyera – normalmente sujetos en etapas infantiles – de que la vida es tremendamente dura e injusta. Cuentos creados para madurar convertidos, o mejor dicho, pervertidos, violados y transformados en meras comparsas de lo que su ADN pretendía. Tomando como referencia el libro de Bruno Bettelheim de nombre “Psicoanálisis de de los Cuentos de Hadas” cuya primera publicación apareció en las librerías por el año 1994, se intuye la necesidad de recuperar la luz intensa de aquel origen crudo pero mucho más verosímil.

En susodicho libro, nos encontramos con una Caperucita Roja inmadura manipulada y devorada finalmente por un astuto lobo, que recuerda una y otra vez que de aquello que es extraño uno debe ser extremadamente receloso. Algo que choca frontalmente con la salvación casi surrealista, y por qué no decirlo, machista del salvador viril que representaba un leñador altruista. Por suerte, la grandeza del cine provoca que toda historia pueda ser reinterpretada. De hecho, aunque no guste, es este arte el que genera múltiples versiones de una misma trama estirando, retorciendo, transformando la historia madre, hasta convertirla en una mera sorna de lo que en su día fue. Y pudiendo ir al ejemplo recurrente, fácil y poco original de nombrar a Tim Burton, buscaremos uno que se asuma como más actual. Y es que alejándonos del aspecto de cultura gótica undergrown del director y productor nacido en California aparecen casi por inercia apuestas tan exageradamente irrelevantes como el actual Hansel y Grettel: Cazadores de Brujas (Hansel & Grettel: Witch Hunter, Tommy Wirkola, 2013).

El público necesita de sangre, acción y venganza. Por lo que parece lógico que nuestros personajes de cuentos sean los protagonistas de las tramas más extravagantes jamás vistas. Da igual quien sea el personaje de la historia, de hecho el patrón se repite una y otra vez. Sólo se requiere de mucho mamporro gratuito y disponer de un arsenal de armas apabullantes para dar caza a algo irreal, ya sea un vampiro, un zombie o en este caso una o varias brujas. Es una perversión que se repite, que es gustosa de mirarse en su pozo de acción molona y que aporta nada a un público que lo único que requiere es de unas ganas locas de unir un lado infantil con su yo más primitivo. Y así, cómo cuando un animal fiero ataca al sentirse atrapado, tenemos a dos “indefensos” hermanos vengándose de todas aquellas noches en vela por culpa de una incontrolable imaginación.

Si se extrapola todo lo dicho al sector de los videojuegos y sin salirnos de la línea, apuntaríamos que se han realizado algunos movimientos en dicha dirección. Ahí tenemos la apuesta de Alice: Madness Returns (id.; Spicy Horse, 2011)– secuela del casi intrascendente American McGee’s Alice (id.; Rogue Entertaiment, 2000) – cuya protagonista deja de ser una inocente niña perdida en un mundo lleno de locura e incomprensión para asestar cuchillazos a diestro y siniestro con el único fin de mantener su cordura y poner en orden una mente traumatizada. Y volviendo por instantes al nombrado autor Bruno Bettelheim se entiende que tal versión es mucho más real que esa transgresión edulcorada de la inocente rubia que se obsesiona con perseguir a un estresado conejo con síntomas inequívocos de una aplastante manía persecutoria. Algo que liga a la perfección con la idea de Fairytale Fights (id.; Playlogic Game Factory, 2009) donde todo lo dulce se diluye para dejar paso a la violencia extrema y desmedida.

Y aún así nos situamos ante una dicotomía altamente interesante. En el arte todo es maleable, de hecho, es altamente beneficioso para el público que se generen obras a partir del título original. Y llegados a este punto, sólo queda aplaudir cada una de las apuestas que se crean a partir de la reconcepción de aquello que otro creó. Un videojuego no es para nada algo cerrado, al contrario, muchos son los que llevados por sus ganas de experimentar deciden modificar aquello que nació bajo una identidad bastante definida. Los “mods” son por tanto, esas benditas perversiones que llevan al jugador al extremo de lo macabro, de lo realmente interesante y seguramente lo denominado como creativo. Nada está cerrado, ergo, todo acaba siendo un sistema abierto.

Aplaudir a DayZ (id.; Dean “Rocket” Hall”, 2012) como acto de reconocimiento al trabajo bien hecho debería ser igualmente de meritorio que hacerlo a apuestas tan particulares, atrevidas y originales como pueden ser Tuper Tario Tros.(id.; SwingSwing, 2009)  u otras tan bizarras – entendido como valiente – como Hardest Mario (id.; Timedao,2011) ya que no sólo apuestan por esa macabra y apetecible perversión del medio, sino que además expanden, difunden y ensalzan la obra original. Lo cierto es que nadie se puede extrañar de lo expuesto, ni tan siquiera debería escamarse, debido a que como juego que es, un videojuego se advierte como algo modificable desde su simple concepción. Y no por ello deja de ser tremendamente interesante que de una creación nazcan otras. Al fin y al cabo es como abandonar por un momento ese coche de juguete para crear uno nuevo a base de unir un cartón con una cuerda y pasarse horas pensando que aquello creado con materiales tan nobles e inocentes, es mejor que la versión plastificada, sintiéndonos Caperucita Roja para aprender a explotar la idea original.

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Laocoont

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Viviseccionador por definición, observador natural que gusta de lo extraño, de lo rebuscado. Pasión que me llega de una profesión llena de bioritmos cambiantes y variados. La búsqueda de la esencia en los videojuegos, más allá que el puro videojuego en sí, es una obsesión que roza lo patológico. Amante de lo pequeño, de lo que entra sin hacer ruido, de lo extraño y despreciado. Música, literatura y cine son fuentes indivisibles de una misma parte, donde los videojuegos son el catalizador.

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  • Imagen de perfil de LaocoontLaocoont
    Super administrador
    #38906

    No cabe la menor duda de que estamos en un momento social cuanto menos cuestionable. La sociedad vive un perpetuo estado de crisis de valores y aquell
    Lee el artículo completo en http://www.zehngames.com/articulos/plasticidad-perversa/

    Imagen de perfil de TiexTiex
    Participante
    #38907

    Creo que desde hace un tiempo a ahora todo esta cambiando y los cuentos, como bien dices, se muestra mas perversos o como en realidad eran en un principio. Aunque no son películas de una calidad incuestionable, tenemos Caperucita Roja (¿A quien tienes miedo?), Blancanieves y la Leyenda del Cazador, Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton o la última que nombras en el texto Hansel & Gretel: Cazadores de Brujas, que ha sido estrenada recientemente – que tengo ganas de ver – Además parece que estas no van a ser las últimas que veremos, ya que vienen continuaciones.

    Creo que algo está cambiando, al menos en el lenguaje del cine y me hace gracia ver a gente que acude a las salas, exclamar al cielo, madre mía ¡Vaya Caperucita! o ¿Ahora Blancanieves lleva espada y armadura? y este tipo de cosas, que a la gente que tan solo conoce las versiones de Disney, les choca ver de esta forma.

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