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Skylanders: Mismo perro, distinto collar

2013-10-23
5 comentarios

Cuando muchos de nosotros nos empecinamos en querer ensalzar el videojuego a un estado elevado dentro de la cultura general nos olvidamos por momentos que éste tiene un componente distinto al resto de elementos de ocio que puedan copar las horas del consumidor. Así como el cine es un arte donde el espectador no pasa más allá de visualizar aquello que el director desea contar o una obra pictórica no deja de representar, de un modo u otro, una realidad o irrealidad que el artista ofrece para que el que lo visiona se identifique o no con aquello que ve, el videojuego necesita de la interacción constante con el usuario.

Un matiz que por mucho que se insista en querer obviar difiere y por tanto, sitúa el producto en un apartado distinto; el del juego. Un videojuego no es más que un juego, con sus reglas a seguir, con un ganador y un cada vez más dudoso perdedor. Del mismo modo, el concepto juego es tan amplio que recoger en su haber una cantidad de connotaciones, matices y subcategorías que necesita de ser gradado, taxonomizado e incluso etiquetado. Ahí están los juegos para adultos, los juegos educativos, los juegos infantiles, los tradicionales u otros más específicos como serían los juegos de rol. De todos los tipos y para todos los usuarios, no hay un rincón de nuestro planeta que no se nutra por algún tipo de intercambio de normas sujetas a una relación lúdica.

Pues bien, en el sector de los videojuegos pasa exactamente lo mismo. El jugador menos versado puede sentir náuseas, mareos y algún que otro estado de desorientación ante la complicada tarea de escoger entre las múltiples opciones que hoy en día ofrece el ámbito videolúdico. Una sensación que a medida que uno se adentra en este arte (y entraríamos en discusión) se va perdiendo, el consumidor más experimentado suele escoger los juegos, incluso arriesgar con algún que otro producto según lo que haya leído de él. Puede que incluso éste se atreva a recomendar airadamente al otro tipo de sujeto cual sería la mejor opción según el criterio y gusto de éste. Un hecho similar al que sucede en otras disciplinas, el cinéfilo aconseja al que no lo es, el amante de la música sabe diferenciar el “hit” del momento que el grupo referente de una época. El experto aconseja al novato, buscando que éste comprenda que no es baladí saber en qué rumbo moverse, porque éste ya tomó caminos equivocados hace tiempo.

En cambio, y pese al paso de los años, existe un usuario que jamás parece equivocarse. Sabe lo que desea, es convincente en su demanda y además provoca que generación tras generación el videojuego sobreviva a través de ellos. Cuando Pokemon Red & Blue Version (íd.; Game Freak, 1996) salió al mercado muchos fueron los chavales que llevados por el amor al JRPG agotaron las estanterías del título que tenía como santo y seña (y aún sigue vigente) aquello del “Gotta catch’em all!” cuya traducción al castellano todos aceptan ya como “hazte con todos”. Pues bien, en ese mensaje se esconde el quid de la cuestión. Esa oda al coleccionismo, esa llamada al Síndrome de Diógenes videolúdico provocó que Nintendo – una vez más – llenase sus arcas de consolas y cartuchos que con la simple inclusión de nuevos especímenes en cada una de sus entregas. Hasta que llegó Skylanders.

Un salto generacional, aquellos jóvenes alocados que la anterior generación miraba con semi – desprecio, crecieron y adoraron a los acompañantes de Ash y Pichachu. Ahora, son ellos y no otros, los que al mirar aquellos que vienen por detrás, menosprecian, critican o simplemente no comprenden como un título como Skylanders colma los salones del hogar. Los mismos que antaño lanzaban “pokeballs” diciendo nombres ridículos de seres que sólo sabían repetir su nomenclatura. Los mismos que decidieron dar el paso arriesgado y apostar por series derivadas como “Digimon” son los que ahora miran con diferencia a aquellos chavales que deciden gastar no sólo su tiempo sino el dinero de sus padres en coleccionar figuritas para luego batallar con ellas hasta decir basta.

Los hijos del Pokemon, son los jugadores acérrimos de Call of Duty, de FIFA y los amantes de Grand Theft Auto. Donde para muchos de ellos el comienzo está en Grand Theft Auto San Andreas (íd.;Rockstar North, 2004) ignorando que quizás existió algún otro más. Los mismos que hoy ignoran el sistema repetitivo de la trama Assassin’s Creed o que alucinan cuando Kratos reparte cadenazos por doquier. Los mismos que se enganchan o engancharon al World of Warcraft pero critican airadamente a los usuarios de League of Legends (íd.;Riot Games, 2009) por su inmadurez. Recordemos por momentos, que Warcraft I, II & III, asentaron el map creating de muchos jóvenes creativos, riéte tú de Minecraft (íd.;Mojang AB, 2011).

Skylanders: Swat Force (íd.; Vicarius Visions, 2013) o como los Gormiti de Giochi Preziosi invadieron las videoconsolas. El nuevo Pokemón, conviviendo con éste, compitiendo con el “hazte con todos” pero ahora desde la realidad. Desde lo tangible. Compras, obtienes y juegas. Un concepto que de ser mirado con ojo de director de mercadotécnia alcanza casi la perfección. Un objeto real, que se puede tocar y que se utiliza para entretener a la muchachada en formato digital. El ajedrez de nueva era, el combate de lucha más atroz donde padres “gamers” muy curtidos en mil batallas han sido apalizados cruelmente y deshonrados por seres de medio metro.

Y mientras, aquellos denominados expertos, gurús del buen hacer, decidores de verdades autocreídas vendrán corriendo a vender que para que un buen videojuego tenga éxito necesita mucho de narrativa, demasiado de hiperrealismo y exagerado de jugabilidad. Al final, y retomando la idea del juego y por mucho que nos pese, el éxito se encuentra mucho más cerca de nuestro espíritu coleccionista de Madleman, G-Joe o He-Man que del viejo gamer cascarrabias que va mascullando aquello de “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

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Laocoont

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Viviseccionador por definición, observador natural que gusta de lo extraño, de lo rebuscado. Pasión que me llega de una profesión llena de bioritmos cambiantes y variados. La búsqueda de la esencia en los videojuegos, más allá que el puro videojuego en sí, es una obsesión que roza lo patológico. Amante de lo pequeño, de lo que entra sin hacer ruido, de lo extraño y despreciado. Música, literatura y cine son fuentes indivisibles de una misma parte, donde los videojuegos son el catalizador.

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  • Imagen de perfil de LaocoontLaocoont
    Super administrador
    #35758

    Cuando muchos de nosotros nos empecinamos en querer ensalzar el videojuego a un estado elevado dentro de la cultura general nos olvidamos por momentos
    Lee el artículo completo en http://www.zehngames.com/articulos/opinion/skylanders-mismo-perro-distinto-collar/

    Imagen de perfil de Anónimo
    #35759

    Muy buen artículo pero alguien debería asesinarte o maltratarte por esta frase:

    “una obra pictórica no deja de representar, de un modo u otro, una realidad o irrealidad que el artista ofrece para que el que lo visiona se identifique o no con aquello que ve”

    Esto puede que sea verdad hasta 1850 aproximadamente pero desde entonces el arte (obras pictóricas incluidas) ha dejado de ser un arte contemplativo y las corrientes artísticas que más triunfaron fueron precisamente las que más dejaban implicarse al espectador en la propia creación de la obra de arte. Eso de identificarse con el arte ya no se lleva, ahora rojo es el nuevo azul. Y si no me creéis, buscad David Nebreda en google.

    Imagen de perfil de LaocoontLaocoont
    Super administrador
    #35760

    ¿Y quien te ha dicho que yo no soy de 1850? Asumo que el arte hoy en día necesita de la implicación del espectador pero esa implicación depende del grado de madurez de éste. De hecho y haciendo caso a tu recomendación al ver las obras de David Nebreda uno no deja de sentir justamente eso, una identificación con la esencia de lo que pretende expresar. La reacción emocional no deja de ser (según mi humilde opinión) una manera de implicarse con la obra. En todo caso, y esto da para un debate largo y profundo a mi lo que me gusta es ver como en las tiendas se acumulan los niños pidiendo esos Skylanders y mientras yo con mi monóculo hablando sobre la disertación sobre la ambientación de Dishonored. ¡Estamos locos! ¿o qué?

    Imagen de perfil de J. LadisJ. Ladis
    Super administrador
    #35761

    El caso es que haters siempre va a haber, igual que dentro del grupo de Pokémon están los que jugaron con los 150 originales y se mofan de los que han jugado con generaciones de Pokémon posteriores. Esto es muy “back in my day…” porque siempre gusta decir “antes de que esto fuera famoso yo ya lo conocía”.

    Y bueno, luego los típicos piques entre bandos, como Dota vs League of Legends, Xbox vs Playstation y otros muchos. Porque nos gusta pensar que somos más listo que los demás y lo que hacemos nosotros es mejor,y eso no es sólo en los videojuegos, sino que es parte de la naturaleza humana me temo.

    Imagen de perfil de mirlo2006mirlo2006
    Participante
    #35762

    Desde luego Skylanders tiene algo de primitivo en su esencia jugable, lo digo porque yo lo compré para mi hija y acabé enganchado como un tonto, buscando nuevas figuras, qué elementos eran mejor para según que fases, comparando habilidades..una locura. Tengo el gen del coleccionista y este juego me lo ha removido.

    Imagen de perfil de LaocoontLaocoont
    Super administrador
    #35763

    Además hay que añadirle la posibilidad de poder llevar siempre la figurita encima y jugar en las horas del patio. Ese atrevimiento, esa incursión por la vía comercial de una “falsa” realidad aumentada tiene a los chavales muy enganchados. Mientras nosotros iremos filosofando sobre todo lo que simboliza el videojuego a nivel cultural, pero la verdadera esencia es la que es y nadie puede cambiarla.

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