Malos días
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Malos días

2013-09-04
5 comentarios

Un mal día lo puede tener cualquiera. Días de esos en los que todo sale mal o, en su defecto, no salen como a uno le gustaría. Hay días que se solucionan con una charla muda con la almohada, hay otros días que ni el señor Pikolín con su cohorte de chupatintas arreglarían ni el lapso de 14 a 15 horas del mediodía. Días naturales de veinticuatro horas, de los de levantarse con el pie siniestro, de los del coche que no arranca, días de lluvia y el paragüas olvidado en la barbería, de los de olvidarse de comprar tabaco o la barra de cuarto para el almuerzo, de colifror podrida que ayer el paki nos vendió fresca fresquísima, de descuido tonto hacia la pareja, de vomitona mañanera del peque de la casa, de pifiada guapa en el curro, de olvidarse de ir a fichar al paro, de pedete que se te escapa en el ascensor con la vecinita del octavo, días de mascota que se ha de llevar corriendo al veterinario, de café culero, de domiciliación inesperada de una factura; lo que vendría a ser un lunes default. O un martes. O un miércoles. O cualquier otro día de la semana porque los malos días no entienden de pautas, aparecen cuando quieren y cómo quieren.

Hay malos días 2.0, esos en los que nuestro registro a una aplicación para leer tebeos on-line cesa su actividad y perdemos todo lo que habíamos enlazado, días en los que el Pitufo Gafitas nos dice que hemos dejado abandonada la siembra de zanahorias y que o lo solucionamos con tres pituframbuesas o hacemos la siembra de nuevo, de Steam petado y pasarela de pago en mantenimiento, de actualización de 1,5GB del juego al que estamos enganchado, de noticias funestas por parte de Microsoft que nos dice no sé qué del Kinect en la incoming XBOX ONE o de Nintendo fastidiándonos con el anuncio de la 2DS, de cabreo supino por ir al MediaMarkt con la idea de comprarse una teleburra LCD de oferta y encontrarse con otro modelo más caro pero de prestaciones más chachis, de Ben Afflect haciendo de Batman, de las rayitas azules de Twitter o de mandangada nueva de Gmail, de evento en Facebook que se nos ha pasado por alto, días malo malísimos mucho más frecuentes que los días malos naturales, los analógicos, y mucho más fastidiosos.

Paridades dispares, días separados al nacer, Schwarzenneger vs DeVito, delirios de sintaxis desequilibrada e indiscutible, lo que es bueno para el gallo puede no serlo para la gallina, malos días tremebundos con una relatividad que haría llorar en un rincón de la habitación a Einstein.

Un mal día lo puede dar no tener dinero para comprar un litro de leche Pascual y conformarse con un par de tetrabricks de Bomilk del Carrefour; un mal día lo puede dar una oferta de diez juegos en Steam a 13,99 euros y no poderlo comprar porque aún tenemos una docena de juegos para jugar o porque, mecachis, no tenemos tiempo porque hemos de ir a la oficina a trabajar, malos días de no permitirse el poder llevar a la pareja al cine porque el presupuesto no da para más, malos días de no ir al cine porque 8 euros son demasiado y eso equivale a un Gintonic que instagramaremos con el nuevo Samsung que nos hemos comprado y deseamos estrenar.

Hay un detalle que hace que todos los días malos se puedan comparar, que no es otro que su gratuidad, su libertad para ser puestos a caer de un burro. Y un detalle es, también, lo que les diferencia: un mal día analógico genera protestas; un mal día 2.0 provoca quejas.

Unos días y otros se solucionan con un tête-a-tête con la almohada, decía, pero también encuentran solución -o agradable alivio- zarpando con inquieto ademán hacia las costas de Internet, ir al otro lado más allá de la pantalla que nos devuelve la mirada para conocer otras antropologías, encuentros con amigos desconocidos cuyas palabras lo primero que hacen es recordarnos a la señora madre que los matriculó y hacerle un unfollow así de grande en Twitter. La ausencia de valentía es lo que nos hace ver días malos, la ausencia de criterio es lo que no nos permite un intervalo lúcido y clarividente del estado real de las cosas.

Por suerte, a un mal día le sucede una noche plácida, periodo de desconexión de lo consciente para unos, continuidad en su estatus de inconsciencia cognitiva para otros y su capacidad para convertir un día normal en un mal día.

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S*T*A*R

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  • Imagen de perfil de S*T*A*RS*T*A*R
    Participante
    #36122

    Un mal día lo puede tener cualquiera. Días de esos en los que todo sale mal o, en su defecto, no salen como a uno le gustaría. Hay días que se solucio
    Lee el artículo completo en http://www.zehngames.com/articulos/opinion/malos-dias/

    Imagen de perfil de CactussoCactusso
    Participante
    #36123

    Oh, me ha encantado. Magnifico!

    Imagen de perfil de Radastan2Radastan2
    Miembro
    #36124

    Grande no, lo siguiente. Verdades como puños.

    Imagen de perfil de PajaricusPajaricus
    Participante
    #36125

    Hacía tiempo que no leía una reflexión tan brillante. Por suerte y con gran alegría, hace tiempo que fui consciente del mal que reflejas tan acertadamente en tus líneas y ya los días no se cubren de nubarrones binarios, si no que brillan en ellos analógicos y brillantes arcoiris.

    Imagen de perfil de TruefaitermanTruefaiterman
    Participante
    #36126

    Palabras con verdades, y verdades como puños. No se me ocurre nada más que decir.

    Imagen de perfil de mirlo2006mirlo2006
    Participante
    #36127

    Grandísima reflexión la suya.
    Yo intento solucionar los malos días refugiándome en mis mundos paralelos (videojuegos, literatura, cine y también redes sociales) y muchos dirán que así no afronto la realidad, pero no, cuando estoy de vuelta salgo pensando “me importa tres cojones lo de aquí, tengo un dragón ahí dentro esperando”…es mi terapia y me funciona la mayoría de las veces. Es simplificar las cosas? Sí, dónde está el problema. Y por supuesto siempre tendré a mi hija de siete años, que a mis problemas me desarma con sus preguntas que están libres de condicionamientos y de “su/ociedad”, llevándome siempre a la sonrisa ante soluciones tan sencillas a los “malos días”.
    Totalmente de acuerdo con lo de la ausencia de valentía.

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