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2012-12-19
5 comentarios

Han pasado ya algo más de tres décadas desde el día en el que David Crane, junto a tres de sus compañeros de oficina, se plantasen frente a un tal Raymond Kassar, que por aquel entonces hacía las veces de director ejecutivo (CEO, como dirían algunos) de la ya casi olvidada Atari, con un objetivo bien claro. Lo que este grupo de programadores pedía era reconocimiento, dejar de ser unos pica-teclas anónimos y que se les considerase como los artífices de sus obras. No obstante, la manera de lograrlo no llegó hasta apenas unos meses más tarde, cuando este mismo grupo, con algún que otro vaivén de personal, dejaron Atari para fundar la que fue la primera desarrolladora independiente de videojuegos y a la que bautizaron como Activision.

La fundación de Activision no solo supuso dar un nombre propio a los creadores de videojuegos, separándolos de manera definitiva del fabricante del hardware, sino que además puso sobre la mesa una carta que hasta el momento había sido casi impensable: el lanzamiento de un juego para diferentes sistemas. Un espíritu multiplataforma que tuvo que esperar unos años para hacer aparición, hasta el lanzamiento del archiconocido Pitfall! (Activision, 1982), convirtiéndose este en el primer producto de Activision en ver la luz fuera de una máquina Atari; pero que, sin embargo, no supuso ni mucho menos la desaparición de las ataduras de ciertos juegos a una máquina concreta, una práctica que ha perdurado impune a través de los años y hasta la actualidad.

No hay que olvidar que, pese al fuerte carácter cultural que tiñe a las obras y aunque hagamos un gran esfuerzo por hacer caso omiso al contorno en el que se sitúa, el videojuego sigue siendo un negocio, lo ha sido desde su concepción y como tal debemos contemplarlo. Siendo esto así, la desaparición de los lanzamientos exclusivos para una consola no solo sería improbable, sino que rozaría la incongruencia. Pensemos en la cantidad de beneficios que reporta esta clase de hermetismo a la empresa, en el control de la oferta que supone colocar un producto en un nicho de mercado que les pertenece por completo, en la facilidad que supone programar para un sistema que se ha diseñado pieza por pieza, en la cantidad de estudios que acuden con exclusividades bajo el brazo a cambio de respaldo. Pensemos en todo ello y pensemos luego en por qué iban a renunciar a lo que bien podría ser el sueño húmedo de cualquier empresario en un sector diferente.

El problema de todo esto se encuentra al otro extremo de la relación. Como usuarios, los aspectos que benefician estrictamente a la empresa nos traen (o nos deberían traer) sin cuidado. Y, en cualquier caso, verse obligado a realizar el desembolso que acompaña a la adquisición de una consola para poder disfrutar de un puñado de títulos, teniendo ya una máquina que da la talla técnicamente, es un incordio innecesario al que se ve sometido el jugador por meros caprichos comerciales.

Como suele ocurrir en estos casos, es el marketing el encargado de solucionar la papeleta, maquillando la exclusividad de falso elitismo (algo que no es precisamente nuevo ni exclusivo del ámbito del videojuego) con la que intentar hacer creer al comprador de que se es superior por tener acceso a un producto que de otro modo no sería posible. Apelando al siempre vulnerable ego humano y su infinita necesidad de inyección, a la vez que se incurre en una generalización inducida non sequitur tan evidente como efectiva (solo hay que echar un vistazo a lo que nos encontramos por la web) en la que “exclusivo” pasa a significar “mejor” sin necesidad de mayor razonamiento o explicación alguna para tal fenómeno.

Otro disfraz algo más sutil (pero igualmente falaz) para crear la ilusión en el usuario de que la exclusividad es algo positivo, es el de hacer ver una inexistente correlación entre la pertenencia a un sistema y la calidad de una serie de productos propios de este, lo que podríamos definir como una especie de “marca de la casa”. Algo que queda patente cuando hablamos de Nintendo, de la que no es muy difícil oír argumentos que defienden la compra de una consola de la compañía nipona, alegando que esto asegura el acceso a cualquiera de sus sagas de calidad clásicas como The Legend of Zelda (Nintendo, 1986-2011) o Super Mario (Nintendo, 1985-2012). Estableciéndose de esta manera una relación directa entre “Nintendo” y “calidad” que, no solo antepone la marca al producto, sino que incluso tomando al producto como sinónimo de calidad no deja de ser un argumento erróneo si se usa con carácter futuro, ya que un éxito pasado nunca es aval suficiente para asegurar un acierto futuro; y mucho menos para defender el verse ligado de manera inexorable a un sistema concreto.

Echando nuevamente un vistazo al pasado, quizás pudiéramos comprender (o al menos aceptar) la ausencia de ciertos títulos en una u otra plataforma cuando las fuertes diferencias a nivel técnico, que durante muchos años han separado a las diferentes plataformas rivales, hacían imposible la compatibilidad. Actualmente las diferencias son tan escasas que hace falta observar al detalle imágenes comparativas entre diferentes sistemas para poder apreciarlas, lo que deja, ahora más que nunca, toda exclusividad completamente injustificada de cara a un usuario que no deja de ser víctima del saqueo indiscriminado de una industria que cada día produce beneficios aún mayores que el anterior; y eso sí que es exclusividad.

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  • Imagen de perfil de SaxKazeinSaxKazein
    Participante
    #39680

    Han pasado ya algo más de tres décadas desde el día en el que David Crane, junto a tres de sus compañeros de oficina, se plantasen frente a un tal Ray
    Lee el artículo completo en http://www.zehngames.com/articulos/opinion/exclusivo/

    Imagen de perfil de mirlo2006mirlo2006
    Participante
    #39681

    La verdad es que la elección de una consola hoy en día poco tiene que ver ya con los juegos exclusivos, ya que cada vez son menos y como comenta Ud. no siempre es sinónimo de calidad. Los catálogos son tan inmensos que cualquier sistema dejaría satisfecho al mas pintado de los jugones. Creo que la lucha por la clientela ahora también va mucho con bajadas de precio, rediseños y nuevas funcionalidades. Atrás quedó la guerra de Mario contra Sonic, cuando una tener una consola era como tener una bandera, aunque personalmente nunca me he casado con ninguna, creo que todas ofrecen algo bueno. En cuanto al tema de nintendo si bien es cierto que Zelda y Mario siempre han tenido una calidad media muy alta, creo que están jugando peligrosamente con la paciencia del jugador, ya que se empiezan ha escuchar voces del cansancio de algunos jugadores con estas franquicias…a parte de innovar en la máquina también tendrían que empezar a plantearse en sorprender con alguna exclusividad.

    Imagen de perfil de salore78salore78
    Participante
    #39682

    En la vertiente de consolas, cada vez más creo que es un sinsentido que haya distintos sistemas de juego para reproducir una misma experiencia. El teórico rival de las consolas es el PC -aunque todos sabemos que no, ya que el PC es una constante evolución de hardware- y no unas cajas con mandos parecidas entre sí técnicamente, que son capaces de realizar las mismas cosas o casi, cada una con unas posibilidades levemente diferentes a las otras. Incluso podríamos englobar el PC con las consolas, eliminando la lucha entre herramientas interactivas, para centrar la disputa sólo entre maneras de diversión o de ocio. El poder programar por un sistema único, daría resultado a grandes juegos y a la máxima optimización de estos -siempre dependiendo de la maestría del desarrollador-.
    Para el usuario sería perfecto el tener solamente que invertir en un aparato para poder jugar, pero se perdería el romanticismo de la contienda de los diferentes fabricantes de hardware, que por muchos que nos cueste “la pela” tener todos los sistemas para poder jugar a todo, a muchos les gusta estas rivalidades -y no hace falta ser fanboy-

    Cambiando de bando, ahora me centro en las compañías third party. Por suerte en esta generación se ha perdido la mala costumbre de que una compañía externa al fabricante de la consola hiciera juegos exclusivos. Sí que hay exclusivas temporales pero son eso, temporales. A mi parecer una third party tiene que dejarse de exclusivas para un sistema y desarrollar lo mejor que pueda para todos, que por eso es externa y deje los exclusivos para las first o second party que forman parte de la fabricante del sistema.

    Imagen de perfil de Raul FactoryRaul Factory
    Jefe de claves
    #39683

    Al final la exclusividad se ciñe a muy pocos productos y básicamente los de producción propia. Quién iba a imaginar hace unos años un Final Fantasy para Xbox? y a Sonic de la mano de Mario? (es simbólico, sin necesidad de entrar en más detalle…)
    No obstante, algunos acabamos picando y las compramos todas…

    Imagen de perfil de ethanmarsethanmars
    Miembro
    #39684

    yo quiero jugar a forza 4 y no puedo 🙁

    Imagen de perfil de EkonEkon
    Participante
    #39685

    La exclusividad hoy en día, esta marcada más por aquellos títulos difíciles de localizar o comprar, que por las ediciones exclusivas, de coleccionista, para astronautas, only for dragons y sucedaneos que las compañías intentan vendernos como que “esto es lo que mola, es único, debes comprarlo”.

    Un buen título retro, una pifiada en forma de juego, son estos productos los que realmente marcan la exclusividad.

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