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El engaño de la novedad

2013-05-29
4 comentarios

La nueva generación de consolas ha dispuesto el marcador a cero. De nuevo nos vemos situados en la línea de meta y una nueva carrera parece iniciarse. Cuando todavía no se ha terminado de explotar todo el potencial de la actual generación, nos vemos casi por sorpresa en un nuevo momento. Mucho ha pasado ya desde que Sony, Microsoft y Nintendo apostaron por acoger el término “next gen” como coletilla para sus nuevas plataformas. Pasados los años, y tras una breve reflexión del recorrido, el jugador se da de bruces de nuevo con la realidad. A las compañías les importa poco la opinión que genera su consumidor más directo. Se habla de dinero, no de emociones y, por tanto, no queda otra que seguir avanzando sin cesar en el camino que supone la innovación tecnológica.

A día de hoy, la mayoría de los aquí presentes han cambiado su televisor, han vuelto a comprar esa lista de películas que tanto ensalzaban en formato Blu-ray e incluso algún atrevido habrá aceptado de manera casi natural que se puede hacer ejercicio mediante una videoconsola. Además, el panorama está más plagado que nunca de apuestas tan cuestionables como los micropagos por complementos, por no hablar de la amable experiencia del volver a pasar por caja al querer desbloquear un añadido descargable que ya viene incluido en el producto. Pero no todo son quejas, debido a que muchas son las bondades que al parecer dejamos atrás. La actual generación nos deja un amplio catálogo de productos que han poblado nuestras estanterías, experiencias inolvidables ensalzadas de tal forma que el videojuego parece haber golpeado con fuerza en cada uno de los salones de los hogares comunes.

Hemos pasado de una generación estigmatizada al ver con normalidad el poseer, una, dos, tres o incluso cuatro consolas en nuestros hogares. Los más pequeños han tenido acceso a todo aquello que probablemente a sus progenitores les fue negado, y sin embargo, nos parece insuficiente. La crítica ha proporcionado serios azotes en la sien de aquel que ama el sector, recordándole aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero muchos ni se han parado a cuestionar que esos mismos nuevos usuarios ni tan siquiera habían nacido cuando las cosas se exprimían al máximo porque no quedaba otro camino. Sí, bien es cierto que se hubiera podido trabajar mejor (sobre todo en los inicios), pero sin embargo, hemos visto como aquella demonización ha quedado en agua de borrajas recurrente y utilizada por unos cuantos anti-sistema. No se olviden que todo camino conlleva piedras que deben ser salvadas o, cuanto menos y de caer en ellas una y otra vez, deben servir para aprender del error.

La generación de Wii, Xbox360 y PlayStation3 muere poco a poco tras años de masificación comercial. Las compañías apostaron duro y no se equivocaron cuando afirmaron que sería uno de los momentos más importantes de la industria. Quizás no por su novedad, seguramente tampoco por aportar mucho más allá de lo que ya se había a portado a nivel jugable, pero no cabe la menor duda que muchos jóvenes han crecido durante estos largos ocho años con excelsos títulos que poco pueden envidiar a los de antaño. Sin embargo, todo parece llegar a un cruel y precipitado final. Nos vemos inmersos en una crisis galopante que azota las economías domésticas con tal dureza que muchas familias ya no sólo se ven preocupadas con qué llevarse a la boca, sino más bien con dónde reposarán sus maltratados huesos. No importa pues, qué cantidad de videojuegos se ha consumido durante este periodo, ni tan siquiera importa si aquello que se ha mostrado es de menor o mayor calidad. La supervivencia doméstica se ha instalado en el seno de cada uno de los ciudadanos, y por ello, la inclusión en el mercado de la nueva generación parece cuanto menos un atrevimiento o desafío zafio que amenaza en resquebrajar el sistema en dos: aquellos que aguanten el ritmo y los pobres desvalidos que suficiente tienen con llevarse algo de pan a sus desconsolados hocicos.

Esta reflexión, no es para nada baladí, el consumidor debe decidir. De hecho, es su única posibilidad ante el nuevo panorama que se le plantea. O continúa apostando por exprimir aquello que ha acumulado con tesón durante este rico periodo o se lanza a los tiburones del consumismo más duro. De hacer lo primero deberá asumir una cierta sensación de desubicación contextual, es complicado jugar a aquello que ya ha pasado sin sentir la necesidad de adquirir nada nuevo. El torrente continuo de informaciones dejan a aquel que se queda atrás (ya sea por voluntad o por necesidad) con una cara de bobalicón aplastante. Por el contrario, de decidir lanzarse hacia una nueva experiencia, deberá asumir los nuevos parámetros que al parecer han dejado como hoja de ruta impuesta. La nueva generación de consolas no premia por el recorrido, de hecho ni tan siquiera se preocupa de si el jugador tiene más o menos potencial económico. Lo trata como un usuario cualquiera de un servicio de pago incansable, una vaca a la que se le debe exprimir hasta la última gota de su leche para saltar a la siguiente y así hasta sobre explotar todo el ganado. Sí, apuestas (a falta de ver bajo qué condiciones) de obligar al jugador a estar permanentemente conectado o simplemente de tratarlo como un simple “pirata” sin escrúpulos que no tiene vida social, son las nuevas reglas que el usuario deberá asumir y acoger.

Xbox One, Playstation 4 y Wii U (aunque ésta bebe y come aparte) han dispuesto el futuro bajo el manto de la sospecha exacerbada. No una sospecha introspectiva que mira hacia el interior de cada una de sus plantillas, ni tan siquiera una que adolece del voyeurismo que nace del saber que está haciendo el vecino en todo momento. No, la desconfianza se cierne y pone en el punto de mira al usuario directo. Cómo si aquel que va a consumir a un restaurante debiera pagar con antelación el menú, por desconfianza a su más que asegurada insolvencia económica. La partida da el pistoletazo de salida con un hedor que no gusta pero que sin duda atrapará porque la maquinaria ha empezado a engrasarse y se aplicará el dicho de “tonto el último”. No desesperen, existe vida detrás de lo nuevo e, incluso en una sociedad puramente atecnológica, existen alternativas más que convincentes. Recuerden, somos seres con un pasado, algunos más cortos que otros, y siempre encontramos algo con lo que disfrutar ociosamente, aunque sea apartado de un formato compacto que se disponga al lado del televisor.

Quizás ha llegado el momento de la auténtica sublevación al dogma impuesto, Valve ha mostrado su camino y no es para nada extraño ver como nuestras librerías virtuales se pueblan de apuestas digitales cada vez más atractivas. Además, y para que no quede en el olvido, la jugada puede salir redonda de acertar con un producto completamente diferente al dogma preestablecido. Quédense, si lo desean, con la siguiente reflexión. Llegarán navidades, y ante la difícil situación de tener que elegir un producto que ofrezca diversión – sin valorar la calidad – de manera inmediata, muchos serán los padres que irán a las tiendas para acallar a esos pequeños seres sin criterio (o no) que exigen su parte de cariño perdido durante el año. Llegados a este punto Wii U recogerá (o no) una cosecha de usuarios naturales que han crecido bajo los mandos móviles de la antigua plataforma. No hay restricción, ni tan siquiera obliga a la conexión permanente y sin embargo, sabrá apostar por lo que realmente es reconocida por la calidad de sus productos “first party”.

Las cartas están sobre la mesa, se han repartido y sólo hace falta ver quién se guarda ese as ganador. Las críticas actuales no valen para nada, como no eran válidas al inicio de la actual generación. Hace falta esperar al recorrido, hace falta ver la acogida real de aquello del compartir mediante un botón, aunque a priori todo parece una pensada estrategia para situar la publicidad viral en el ojo del huracán. No se lleven a engaño, compartir información es el pan de cada día, los usuarios lo realizan amparados bajo el manto – y por qué no decirlo – la excusa de la libertad de expresión. Correrán vídeos, partidas, imágenes y experiencias de todo tipo para situar al producto más original. A fin de cuentas, y de usarse, ganarán las compañías que con buen ojo de facto han establecido un nuevo usuario: el periodista de bajo coste. Matizando, y sin querer ofender, la actual generación promete el acceso a la información de la mano del que juega, y la masa irá corriendo a visitar a aquel que sepa convencer que su modo es el mejor. De nada servirán los canales profesionales, porque la sospecha del interés por vender ya está ahí (fíjense sino en la cantidad de escándalos surgidos a partir de la compra de notas, de informaciones interesadas o del pago por la exclusividad).

Ante tal panorama, sólo queda esperar paciente; saber restar tranquilo y abrir la puerta para salir a pasear. Mirar el mundo bajo los ojos críticos del criterio menos influenciado y valorar si aquello que se le ofrece es en realidad un producto necesario o algo que, de ser descartado, atormentará el devenir de su futuro. No se lleven a engaño, la carrera no ha empezado y muchos son los que esperan espectantes a ver cual será el siguiente movimiento. Ya no vale tener un centro multimedia doméstico y potente, ya no sirve vender el producto como la cúspide tecnológica que tanto ha dañado el criterio global. Veremos, por tanto, hacia donde nos lleva este nuevo camino. De ser prometedor volveremos corriendo a tachar cada una de las líneas críticas dispuestas en los medios, aunque la volatilidad del flujo de información poco lugar deje a la autocrítica y a la mirada hacia atrás. De no cumplir la expectativa, siempre quedará esa sensación de oportunidad perdida, del saber que las cosas hubieran sido mejores o simplemente se le dará carpetazo al asunto y a otra cosa mariposa. De hecho, de no funcionar poco tardarán las compañías en soltar cuantías pasmosas de dinero para enmendar la situación. Aunque quizás llegados a ese preciso instante veamos como el colapso ha llegado y no tengan la oportunidad de corregir su rumbo.

Y llegados a este punto, y ya para concluir, es perfectamente comprensible que el usuario se vea descorazonado, apartado, repudiado y escupido en la cara. Aún así, y por una vez, estaría bien que recordase ese sentimiento de manera permanente y no se dejase llevar por la emoción de un gráfico bien definido o por la perfecta sonoridad de una bala escupida por doquier en la ingente cantidad de actos bélicos a los que se va a encontrar. Que no se olvidase que ante todo, esto de los videojuegos se ha convertido en un negocio y como tal, sólo se rige por la clasificación numérica del dinero. La postura bohemia de ofrecer al jugador nuevas experiencias quizás es una vez más el pretexto para solucionar las ya resueltas vidas de los altamente situados. Asimismo, y mirado desde un punto de optimismo, una vez más el acto crítico del discernir la paja de lo que no lo es, será el único método válido para no llevarse engaño y no dejar que la luz nos ciegue durante este nuevo camino. Dicho ésto, descuenten cinco e inicien su andadura, veremos si al final existe meta o, si por el contrario, se hallan de nuevo en el punto de partida.

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Laocoont

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Viviseccionador por definición, observador natural que gusta de lo extraño, de lo rebuscado. Pasión que me llega de una profesión llena de bioritmos cambiantes y variados. La búsqueda de la esencia en los videojuegos, más allá que el puro videojuego en sí, es una obsesión que roza lo patológico. Amante de lo pequeño, de lo que entra sin hacer ruido, de lo extraño y despreciado. Música, literatura y cine son fuentes indivisibles de una misma parte, donde los videojuegos son el catalizador.

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  • Imagen de perfil de LaocoontLaocoont
    Super administrador
    #36536

    La nueva generación de consolas ha dispuesto el marcador a cero. De nuevo nos vemos situados en la línea de meta y una nueva carrera parece iniciarse.
    Lee el artículo completo en http://www.zehngames.com/articulos/opinion/el-engano-de-la-novedad/

    Imagen de perfil de salore78salore78
    Participante
    #36537

    “O continúa apostando por exprimir aquello que ha acumulado con tesón durante este rico periodo o se lanza a los tiburones del consumismo más duro.” Personalmente me decanto por la primera opción por tres motivos:
    El primero, sería jugar la colección de juegos que tengo en la estantería pendientes de hincarles el diente.
    El segundo, el escepticismo que me crea la nueva generación y las nuevas máquinas multiusos y sociales que la formarán a falta de más detalles y datos que nos indiquen que nos ofrecerán realmente, tanto a nivel de servicios, como sobretodo de videojuegos.
    El tercero, que mi bolsillo doméstico, como el de la gran mayoría, no está preparado para la “next gen”.

    Se puede sacar mucho más jugo a la actual generación, que ya siendo longeva dentro de los periodos que normalmente han vivido las consolas, está en plena madurez y es ahora cuando se está sacando el máximo rendimiento de las máquinas, tanto a nivel técnico como narrativo. De juegos clónicos ya existen ahora, no nos hace falta una nueva generación para hacer lo mismo pero más bonito.

    Tal cómo dices, tener paciencia y crítica es la mejor manera de ver las cosas con claridad y poder sacar el grano de la paja para acertar el qué, el cuándo y el cómo.

    Gran reflexión que tendríamos que volver a ella, no sólo por recriminar o dar palmadas a la espalda, sino como hoja de ruta para tantos otros ámbitos del videojuego y de la cultura en general.

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    Participante
    #36538

    La nueva generación me da mucha “pereza”, no tengo ganas de actualizarme con nuevos sistemas, la situación no está para hacer otro desembolso económico y lo que me van a ofertar a priori no me llama la atención, voy a tirar de fondo de armario (que tiempo y dinero me ha costado) hasta que realmente sienta la llamada de la nueva generación, pero me da la sensación de que ese grito queda muy lejano..
    Por otro lado, no estoy de acuerdo cuando afirma que esto se ha convertido en un negocio, para mí siempre ha sido un negocio, las compañias siempre han querido vender sus productos y sacar el máximo beneficio económico, con otros medios y de manera más sencilla porqué no existía ni la tecnología ni los métodos de marketing de hoy en día, podemos tener la sensación romántica de que antaño eramos cuatro en esta afición y las compañías nos mimaban, pero tenías que pagar por un producto igual que hoy. Ahora todo el mundo juega y por ende todo el mundo vende, los tiempos cambian y la gente se adapta, hay muchísima información y mucho hype, pero el fín siempre ha sido el mismo, vender.
    Gran reflexión sobre lo que está por venir y como afrontarlo.

    Imagen de perfil de JoseJose
    Participante
    #36539

    Gran reflexión.
    Pero mucho usuario se vea descorazonado, apartado, repudiado y escupido en la cara, pero probablemente la nueva generación venderá muchísimo más que la actual. Aunque nos maltraten, el crecimiento es exponencial.
    Y los que decís que no tenéis dinero, calculad cuánto vale el móvil que lleváis en el bolsillo.

    #36540

    Un artículo un poco denso para leer a las cuatro de la mañana. Pero claro, empiezas a lerlo y no vas a dejarlo a la mitad… 😉

    Esta nueva generación va a ser de transición en muchos sentidos. Para Sony y Microsoft es una transición a un modelo plenamente digital. Un entorno cerrado en el que ellas tengan absolto control de todo lo que pasa con sus máquinas y el uso que se les da.

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