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La redundancia del orco y el ábaco

2013-01-02
5 comentarios

Si bien el ábaco ha sido un instrumento compañero de la humanidad a lo largo de miles de años, tal antigüedad también supone una gran incertidumbre sobre su origen concreto, convirtiéndole en motivo de discordia y de enfrentamiento entre las diferentes corrientes que especulan sobre su nacimiento. Sea como fuere, de lo que no cabe duda es de su propósito: mecanizar los a menudo costosos procesos de conteo para convertirlos en procedimientos fácilmente resolubles. Es decir, formalizar la siempre caótica realidad en un sistema comprensible y manejable: una serie de cuentas dispuestas en varillas, reconocibles de un solo vistazo y con las que cualquier operación se resume al cambio de sus posiciones atendiendo a una serie de pasos bien definidos, esto es, un algoritmo.

Con el implacable paso del tiempo, y la búsqueda incesante de la eficiencia de su parte, las cuentas no han tenido más remedio que mutar en forma de bits, las varillas en pulsos eléctricos y los algoritmos alcanzar cotas de complejidad tales que deben abstraerse del medio físico para realizarse sobre lenguajes de programación comprensibles al humano que los maneja. Y no es baladí, cuando hablamos de videojuegos, tener bien presente esta naturaleza mecánica porque, fuera del mundo virtual que ellos mismos definen, no tienen mayor presencia en la realidad que esta.


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Este aspecto se nos hace especialmente evidente cuando somos testigos de cómo se destripan los órganos internos que componen un videojuego para analizar su funcionamiento y emplearlos de la manera más eficiente posible. Una autopsia que generalmente corre a mano de jugadores que, movidos por su afán de superación, salen a la caza de la sumisión del mundo virtual hasta niveles que ningún otro usuario haya sido capaz de alcanzar. Un ejemplo claro de esto lo encontramos con los famosos speed runs que pueblan los videos de Youtube, en los que todos los detalles del juego, desde las rutinas de la IA, el tiempo entre las pulsaciones, la distancia de los saltos e incluso los bugs o glitchs; son analizados al milímetro (literalmente en muchos casos) en pos de acortar el recorrido del juego hasta el mínimo imprescindible y lograr arañar alguna que otra cifra al cronómetro.

Desde un prisma un tanto diferente, pero siendo también sujeto de este fenómeno, son los juegos MMORPG como World of Warcraft (Blizzard Entertainment, 2004) en los que, ya desde su concepción, la piel que los cubre se vuelve translúcida, dejando entrever una buena cantidad de estadísticas, tiempos de espera y reglas lógicas en los propios menús de personaje y resultando evidentes cuando,

con cada actualización, los desarrolladores acompañan el parche de un detallado informe en el que se incluye cada cifra que se ha modificado en el código del juego para que los usuarios sepan adaptarse a estos cambios.

Esta clase de facilidades por parte de los creadores convergen con la ambición y la búsqueda perfeccionista (motivada aún más por el carácter multijugador y el sentimiento de competencia inherente a este) dando lugar a comunidades de jugadores en las que, para poder participar, debe “jugarse” cada personaje de maneras muy concretas y siguiendo una serie de instrucciones que, avaladas por la ingente cantidad de información de la que disponen, aseguran la eficacia y, por ende, la victoria. De esta manera, lo que a priori se suponía como un enorme grado de libertad en la manera que el usuario puede manejar su avatar, se ve reducido a unos roles concisos que aseguran su utilidad para la comunidad.


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Acompañando a todo esto y con el mismo punto de origen nacen los llamados add-ons, pequeños programas creados (una vez más) por la propia comunidad y que se encargan normalmente de hacer más cómoda la experiencia de juego. Lo que normalmente no pasa de ser más que un montón de barras y contadores con las que identificar de un vistazo toda la información necesaria para actuar en consecuencia, normalmente según las instrucciones que se han demostrado eficientes para ese personaje, llegando a casos extremos en los que es el propio add-on el que muestra por pantalla las teclas que deben pulsarse en cada momento, recordando más a un juego de sincronización como los de la serie Guitar Hero (Harmonix, Neversoft, 2005 – 2010) que a un juego de rol propiamente dicho.

En definitiva,  estamos presenciando una formalización de los rudimentos del mundo virtual a través de unos instrumentos que permiten un manejo de este de manera sistemática. Dicho con otras palabras, una reinvención del ábaco. El algoritmo dentro del algoritmo. Una redundancia de la propia existencia del juego que, más allá de la propia curiosidad, suelta al aire la pregunta sobre en qué momento la búsqueda de la perfección ha llegado demasiado lejos.

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  • Imagen de perfil de SaxKazeinSaxKazein
    Participante
    #39521

    Si bien el ábaco ha sido un instrumento compañero de la humanidad a lo largo de miles de años, tal antigüedad también supone una gran incertidumbre so
    Lee el artículo completo en http://www.zehngames.com/articulos/la-redundancia-del-orco-y-el-abaco/

    Imagen de perfil de Adrián SuárezAdrián Suárez
    Participante
    #39522

    puuffff, los peceros y sus locuras. Me da una pereza profundizar tantísimo en un título que necesite un control tan absoluto de cada stat, número y cifra para jugar… Supongo que será eso, al contrario de lo que uno dice en las entrevistas de trabajo, mi defecto no es ser demasiado perfeccionista 🙂

    Imagen de perfil de salore78salore78
    Participante
    #39523

    Cuando se llega al extremo de jugar como el ejemplo que expones del WoW, eso ya no es un entretenimiento disfrutando de tu hobby, es profesionalizar el juego y esto supone la perdida del factor diversión. Igual que en un speed run, no dsifrutas el juego, lo sufres, sientes la presión de tener que ir más rápido, de saberte todo el recorrido con los ojos cerrados y al mm, de no errar ningún paso en tu avance y es entonces, cuando se desvirtúa y se modifica el origen para que estaba concebido el juego, para disfrutarlo en tus ratos libres.

    Se que hay gente que se dedica exclusivamente a “jugar” de esta manera a los videojuegos, sobretodo en PC, y seguramente están muy orgullosos de como lo hacen, pero yo no sé si lo que hacen se le puede llamar jugar.

    Muy buena reflexión de una vertiente más que ofrecen los videojuegos. Para celebrarlo, pon otra jarra de Grog.

    Imagen de perfil de RazorRazor
    Participante
    #39524

    100% de acuerdo con lo dicho por Dani Rabinat -salore78-. Cuando jugar se convierte en una obsesión por ser el mejor deja de ser un pasatiempo y no se disfruta igual que cuando juegas por jugar, por el mero placer de echar unas horas con un buen videojuego.

    Imagen de perfil de TiexTiex
    Participante
    #39525

    Creo que estos extremos, como bien dice salore78 y Razor, no sirven para disfrutar de un videjuego, aunque habrá excepciones y gente que disfrute jugando de esta forma. Al igual que los trucos en los videojuegos, que hoy en día no se ven tanto, pero antaño, eran la panacea para muchos. Usar trucos o cosas que hacen mas fácil el jugar a un juego o desvanecen el sentimiento de superación, le quita toda la diversión, al menos es mi opinión.

    Imagen de perfil de EkonEkon
    Participante
    #39526

    El ejemplo más claro de este fenómeno actualmente, tranquilamente podría ser League of Legends (Riot Games, 2009), popularmente conocido como “LoL” o “El LoL”.

    Al empezar tus andaduras en este tipo de producto, los primeros momentos se disfrutan, pero a medida que avanzas el juego y tus amigos, aquellos con los que has empezado a jugar, son los primeros en irse y renunciar a este videojuego, pierdes esa magia y es cuando conviertes un videojuego, en un producto donde ser el mejor es lo único que cuenta, disfrutar es para noobs.

    La magia con la que nos irradiaban hace unos años World of Warcraft (Blizzard Entertainment, 2005), Guild Wars (ArenaNet, 2005) y otros tantos productos para peceros, se ha perdido y a dado paso a la competitividad, la adicción y el no disfrute.

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