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Estereotipos, sobrepeso y videojuegos

2017-09-04
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A principios de 2016 el director de Uncharted 4 (Naughty Dog, 2016), Neil Druckmann, confirmó a Games Radar que su equipo y él habían tomado la decisión de no incluir a Donut Drake en esta entrega. Donut Drake es una versión obesa del protagonista de la saga, una skin que se obtiene en cada juego de una forma diferente, pero siempre rebuscada, casi inalcanzable. Druckmann explicó que durante la producción de Uncharted 4 el estudio ya había modelado por completo a Donut Drake, lo tenían todo listo para incluirlo en el juego, pero entonces tuvieron “un gran debate” sobre si debían proceder a hacerlo o no. Según contó el director, todos los componentes de Naughty Dog se reunieron para dar su punto de vista: “Nos acercamos al tema desde todas las perspectivas y decidimos que no estábamos cómodos teniéndolo en nuestro juego”. Muchos usuarios se molestaron al conocer la noticia. Pronto saltaron voces críticas enarbolando la bandera de ‘la dictadura de lo políticamente correcto’, sintiéndose traicionados por un estudio que supuestamente había visto limitada su libertad creativa por culpa de los peyorativamente llamados social justice warriors. Pero nada más lejos. Fue el propio estudio el que haciendo uso de su independencia productiva decidió no incluir una versión obesa y caricaturizada de Nathan Drake: “No quería tener que reírme a costa de otro. Creo que hemos madurado más allá de eso”, dijo Neil Druckmann en su momento. Para el director del juego ese tipo de bromas ya no tenían cabida en un medio maduro, algo con lo que al parecer no estaba de acuerdo una parte del público fan de la saga.
Si nos damos un paseo por el post de NeoGAF en el que se comenta la noticia de que la skin de Donut Drake no estaría disponible en Uncharted 4 podemos ver un abanico de opiniones vertidas por los usuarios del foro: algunos le dan poca importancia a este hecho, mientras que otros se muestran muy indignados, alegando que es “solo un videojuego”, que no hace daño a nadie. Tampoco faltan aquellos que se confunden de tercio y se preguntan que si eliminar un personaje así no infiere precisamente en aumentar el rechazo a la obesidad, como si la parodia sirviera para normalizar y representar a las personas que realmente tienen ese tipo de complexión. Pocos, aunque esperanzadores, son los comentarios que entienden la medida e intentan hacer ver que un chiste así puede hacer daño de muchas formas. Así que por una parte tenemos a un director de un videojuego triple A que en 2016 decide eliminar un contenido heredado de entregas del pasado porque, claramente, ya no tiene espacio en una obra como Uncharted 4, pero por otra presenciamos cómo la comunidad -con la habitual toxicidad que se desprende del anonimato- carga contra esa decisión acusando al estudio de haber cedido a las presiones, de nuevo, la falsa dictadura de lo políticamente correcto. Druckmann está seguro de que ellos, como creadores, han madurado, pero… ¿ha madurado también el público?

Es probable que en 2007, cuando el primer videojuego de la saga Uncharted vio la luz, la aparición de Donut Drake no chocase tanto como lo ha hecho diez años después. El público aceptó su presencia por costumbre, porque era lo normal en un medio infantilizado como lo había sido el videojuego durante muchos años. Se aceptó como se aceptaban los grandes escotes, los negros pandilleros y los héroes americanos. El videojuego se ha nutrido de los estereotipos más radicales durante una buena parte de su historia, y la obesidad ha servido como chiste recurrente alrededor del que construir personajes simplones, con unos tropos profundamente marcados. Dijo el docente e investigador Todd Harper en una charla durante la GDC 2015 (Game Developers Conference) que los videojuegos tienen una tendencia a burlarse de las personas con sobrepeso, utilizando su físico como única característica relevante dentro del diseño de los personajes. Tal y como se recoge en la revista Polygon, Harper denunció cómo la mayoría de juegos “perpetúan estereotipos culturales sobre la gordura” creando personajes que por carecer de un cuerpo delgado se sienten incómodos con su cuerpo e incluso, en algunas ocasiones, su único objetivo en el videojuego en cuestión es conseguir adelgazar. Más grave es el tema de la representación de la mujer con sobrepeso, a la que además se le suma un matiz de objetificación: han fallado en su deber de tener un cuerpo bonito para atraer al hombre. Hay varios estereotipos relacionados con la gordura que se repiten una y otra vez en los videojuegos. Uno de ellos es el del secundario graciosete, ese amigo zampabollos que acompaña al protagonista y de vez en cuando suelta chascarrillos o realiza acciones absurdas relacionadas habitualmente con su torpeza física. Vagos, cachondos y comilones. Es cierto que este tropo lo solemos ver más en otras producciones culturales -como el cine o la televisión-, pero el videojuego, con ejemplos como Yangus de Dragon Quest VIII (Square Enix, 2004), Quina Quen de Final Fantasy IX (Squaresoft, 2000) o el peculiar caso de Siegmeyer de Catarina de Dark Souls (From Software, 2011), tampoco se libra.

Sin embargo, hay otro estereotipo mucho más expandido: el del personaje gordo y fuerte que es fuerte precisamente porque está gordo. Parece ser que muchos creadores piensan que tener una complexión ancha confiere una fuerza sobrehumana y así lo plasman en sus videojuegos; en algunos títulos como Hotline Miami (Dennaton Games, 2012) los enemigos más difíciles de vencer son los que más sobrepeso tienen, ya que aguantan más disparos. Algo similar a lo que ocurre en Punch-Out! (Nintendo, 1987) con Bear Hugger, un luchador que es prácticamente inmune a los puñetazos gracias, literalmente, a sus capas de grasa. Es habitual ver esta mala representación en los juegos de lucha, que suelen ser un pozo infesto de estereotipos rancios; en Tekken tenemos a Bob Richards, en Street Fighter (Capcom, 1987-2017) a Honda y a Rufus, y en Mortal Kombat (Ed Boon y John Tobias, 1992-2015) a Bo’ Rai Cho. Estos personajes están marcados completamente por su condición física, tanto en sus tramas como en su jugabilidad; habitualmente sus técnicas de combate están relacionadas con barrigazos, culazos o cualquier parte del cuerpo que pueda desencadenar un movimiento gracioso y exagerado. Bo’ Rai Cho, de Mortal Kombat, es un ejemplo peculiar dentro de este estereotipo, ya que además de estar gordo se le representa como a un borracho -de ahí el nombre- que tiene ataques tan extravagantes como emborrachar al rival hasta matarlo o tirarse pedos en su cara.


 
 

Otro estereotipo que se repite en los videojuegos es el del personaje gordo que toma el papel de villano, aunque en realidad viene a ser una mezcla de los dos tropos anteriormente mencionados: en los juegos de ambiente relajado, casi infantil, si el malo de la historia tiene una complexión ancha se le suele representar como torpe y graciosillo, es el caso de Wario y Doctor Ivo ‘Eggman’ Robotnik, los archienemigos de Mario y Sonic respectivamente. En contrapartida tenemos a los villanos serios, esos que representan el mal en los juegos de corte más maduro pero para cuyo diseño también se utiliza la obesidad como marca personal. En esta ocasión son personajes con una fuerza desmesurada, como Cloto, de God of War 2 (SCEA, 2007), o Fatman de Metal Gear Solid 2: Sons of Liberty (Konami, 2001), del que merece la pena recordar su frase recurrente: “¡Ríe y engorda!”. Hay más ejemplos: Big Smoke de GTA San Andreas (Rockstar North, 2004), Krew de Jak 2 (Naughty Dog, 2003), Capital B de Yooka-Laylee (Playtonic Games, 2017)… Todos son una mala representación de la gordura, con referencias continuas a su físico y una posición malévola en la sociedad, como si por el hecho de no tener un cuerpo amoldado a los cánones te tuvieras que convertir en el villano de la historia. Al contrario del héroe, curiosamente, que posee un cuerpo y unas habilidades físicas envidiables. Representar a personajes con obesidad como graciosetes, superfuertes o malvados está lejos de ser algo bueno. No es un mensaje body-positive, sino todo lo contrario; es utilizar su condición física para crear caricaturas y parodias que hieren las sensibilidades de personas reales que tienen ese tipo de cuerpo y ven como desde la ficción se les trata de una manera desigual, con desprecio y chanza, relegándoles a una posición negativa y sesgada por el simple hecho de tener una complexión diferente a la que se supone que deberían tener. Reducir su personalidad exclusivamente a su físico. Todd Harper, en su charla en la GDC 2015, pedía a los desarrolladores de videojuegos que creasen “espacios donde nuestro cuerpo no importe, por cinco segundos”, recordando que “la delgadez no es el enemigo, sino las culturas que castigan a las personas por no tener una forma física ideal”. El videojuego ha reforzado durante mucho tiempo esa clase de estereotipos negativos, pero quizás acciones a priori tan nimias como eliminar la skin de Donut Drake sean el primer paso para una mejor representación de la obesidad.

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Manu Delgado

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