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Total War: Rome II, entre dos aguas

2013-11-01
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Extracto de la correspondencia entre Cayo Cornelio Sila y Lucio Emiliano Bruto:

El Senado, un ente impersonal para Gneo Cornelio, le encomendó una simple tarea, dominar dos provincias a través de la conquista y ocupación de sus principales ciudades o mediante la conversión forzosa de sus habitantes y jefaturas al nivel de cliente de la misma Roma. Gneo aceptó la tarea, recogió su imperium y marchó a reclutar tropas para llevar a cabo la magna misión. Sin embargo le pareció que las opciones brindadas por el Senado eran mínimas, y que si hubiera tenido lugar y oportunidad en la decisión hubiera ofrecido otras alternativas para dominar las provincias, además de poder realizar otras misiones más importantes para el control efectivo del Mediterráneo occidental como el dominio absoluto de la isla de Sicilia, auténtica llave del mar que muy pronto pasaría a llamarse “nuestro”. Pero así y ante todo marcha decidido al norte a conquistar los terrenos que el Senado desea.

Durante la travesía reclutó diversas tropas, infantería y especialmente lanzadores de proyectiles. El general Gneo se sorprendió ante la lista de tropas disponibles, la uniformidad le asustó. Estas no han variado ni variarían en decenios, ¿Y de dónde salen todas estas tropas? Se preguntaba el general. Quizás de los poblados de los aledaños, pero Roma no acepta villanos en sus tropas, solo ciudadanos romanos ¿Se les llama de las ciudades? Tampoco lo sabemos, la población de la ciudad no parece mermar ¿Aparecen de la nada con tan solo pagar un dinero? Parece que sí. Gneo no pregunta más, con sus tropas marcha al norte a enfrentarse a su destino impuesto por un grupo invisible de senadores que le obligan a marchar.

Para no ir a ciegas mandó a un agente para que este pueda informarle sobre la posición exacta de las tropas y el estado de las ciudades enemigas. El agente marcha hacia delante, sin importarle si es descubierto o no, y sin medias tintas y tras darle la orden adecuada llega a atentar contra el líder del ejército enemigo con escaso éxito, aunque milagrosamente escapo del encuentro y es más, incluso llegó a mejorar sus habilidades al sumar una nueva a su lista. Y es más, pudo dar información al general Gneo sobre las tropas del enemigo y todo esto sin que le ocasionaran el más mínimo daño. De todos modos Gneo siguió sus pasos hacia el norte, buscando su camino y deseando encontrar al enemigo para poder combatirle. Mientras, el Senado o quien sea que dirigiera Roma en ese momento se dispone a mejorar las propias ciudades.

A través de sencillas órdenes los dirigentes de Roma han decidido ampliar los recintos de Brindisi y de la propia Roma para dar cabida a la población creciente de las mismas ciudades. Esto supone más terreno para levantar nuevos edificios, aunque el número de estos es desde luego limitado para lo que acostumbramos a ver en las distintas ciudades de la incipiente República sin contar con las otras potencias como Cartago o las ciudades griegas. De todos modos la expansión sigue su ritmo en las ciudades y en todo el territorio donde de nuevo los dirigentes, ese grupo de ancianos invisible, dispone la investigación de nuevas tecnologías de manera grupal y sencilla para continuar el avance imparable de la cultura de los herederos de Rómulo y Remo.

Mientras todo esto ocurre Gneo avanza al norte y por fin encuentra a sus enemigos declarados por el Senado. La batalla es inevitable y la visión del general se centra en el campo de batalla. Dispone las tropas de manera adecuada siguiendo una línea invisible que separa las dos fuerzas y ordenando sus tropas se prepara para el choque. Las tropas de infantería avanzan lentamente mientras las cohortes de auxiliares dotadas de arcos y lanzas avanza detrás para cubrir a los primeros y defenderlos de los enemigos. La única tropa de caballería disponible, la del mismo general Gneo se separa para intentar coger por sorpresa al enemigo por los flancos. El enemigo, mucho más numeroso, avanza en tropel para conseguir arrollar a los romanos. El general Gneo conoce esto y dispone a su infantería de manera que se proteja de la mejor manera del primer choque, acción que salvan con éxito. Cuando se produce el choque la infantería bien dispuesta para el ataque los frena haciendo que la posición del enemigo sea especialmente vulnerable a los arqueros y lanceros auxiliares que arrojan sus armas con precisión letal. Mientras, la caballería separada del grupo decide entrar en combate y flanqueando al ejército enemigo arrolla a las tropas auxiliares en una orgía de carne, huesos y soldados enterrados bajo los cascos de los animales ofreciendo un espectáculo atroz. La victoria estaba asegurada y únicamente quedaba perseguir a los soldados huidos para acabar con el ejército enemigo.

Tras vencer en la batalla Gneo debió decidir entre tres simples y claras opciones que el Senado le ofrecía, liberar los prisioneros, hacerlos esclavos o ejecutarlos. La primera opción provocaría las simpatías del ejército y el bando enemigo, la segunda opción mejoraría la economía de Roma, pero aumentaría la inestabilidad en la zona donde fueran encomendados y por último la tercera opción disminuiría la relación con el bando enemigo. Gneo, a pesar de todo, decide convertir a los prisioneros en esclavos, acción que era una de las principales fuentes de riqueza en la antigua República romana. El ejército enemigo huye en desbandada y no se desintegra ni se escurre entre las tierras aledañas, sino que sigue formado y liderado por un nuevo personaje al que acorralar.

Gneo pasa de largo frente a esta nueva amenaza y se dirige a su objetivo, la ciudad capital de la provincia. Gracias a la falta de tropas debido a la victoria anterior la ciudad estaba casi desierta y las calles caen por su propio peso ya que la población carecía de murallas y la guarnición estaba formada por los propios habitantes de la ciudad. Tras la victoria anunciada quedan tres opciones, saquear la ciudad, ocuparla o hacerla añicos. La primera opción daría dinero a Roma, pero descendería la estabilidad de la zona con desastrosas consecuencias, la segunda opción haría la población nuestra y la tercera la borraría del mapa. Por supuesto Gneo, como se la ha encomendado ocupa la ciudad y la traslada a la organización de la República romana.

Mientras, las tecnologías y la construcción y ampliación de las ciudades siguen su ritmo. Para sostener este crecimiento continuo la República ha firmado tratos comerciales con algunas de las ciudades y facciones cercanas además de cobrar el impuesto a los ciudadanos de Roma sin contar con divisiones o particiones, todos pagan lo mismo y todos contribuyen, ciudadanos, aliados, federados, etc.

De ahora en adelante esta será la tarea de Gneo, del Senado y de la República Romana. Expandir sin motivos aparentes los territorios de la República, vencer en las batallas perdiendo el menor número de tropas posible, continuar las investigaciones y la ampliación y construcción en las ciudades además de mantener un fácil equilibrio entre la opinión positiva y la recaudación de impuestos de los ciudadanos. Si seguimos estos fáciles pasos venceremos y convertiremos ese al que llaman Mar en Nuestro Mar.”

Y esto es todo lo que ha acontecido en Roma durante estos meses mi querido Lucio, espero que tu estancia en la lejana Atenas sea todo lo provechosa que parece. No hagas caso a los rumores que corren sobre ti por nuestra ciudad, siempre serás romano y nunca ático. Sin más, te desea lo mejor, tu querido amigo Cayo”.

Este pequeño relato trata de ilustrar la impresión que el que esto subscribe ha recibido tras pasar más de cuarenta horas disfrutando de Total War: Rome II (id.; The Creative Assembly, 2013). El título de The Creative Assembly aparecido el 3 de septiembre de 2013 cuenta con no pocas virtudes entre las que destaca la espectacularidad del acontecimiento, sin embargo también adolece de otros muchos aspectos negativos.

La saga Total War ya es una de las veteranas de la estrategia en nuestros ordenadores. Su aparición data del año 2000 cuando apareció para ordenador Total War: Shogun (id.; The Creative Assembly, 2013). En aquella ocasión era el Japón medieval y moderno el escenario elegido por los desarrolladores para enfrentar a los jugadores a las encarnizadas luchas samuráis por el poder. Tras aquel, el universo Total War se expandió a través de la Roma antigua, el mundo medieval occidental, la Edad Moderna o la vuelta al Japón, sin embargo una nota siguió siendo continua, su tremendo éxito tanto de crítica como comercial.

Los juegos de la saga Total War supieron mezclar dos aspectos de una manera innovadora y altamente atractiva para el jugador habitual, el mapa táctico y las batallas en tiempo real. Esta mezcla ha sido refinada y mejorada en numerosas ocasiones y sin duda es el plato fuerte del producto además de su seña de identidad. Esta mezcla ha sido copiada por otros juegos, sin embargo ninguno ha alcanzado el éxito de este título a excepción de otra saga de estrategia, Company of Heroes (id.; Relic Entertainment, 2006), la cual desecha el mapa táctico para centrarse únicamente en las batallas en tiempo real. Sin embargo otros títulos si han hecho y llevan haciendo durante mucho tiempo más énfasis en el mapa táctico que en las batallas en tiempo real como ocurre con, por ejemplo y continuando con la misma ambientación, Europa Universalis: Rome (id.; Paradox  Development Studios, 2008) y Alea Jacta Est (id.; AGEOD, 2012). Tres juegos (Total War: Rome II, EU: Rome y Alea Jacta Est) muy parecidos pero profundamente diferentes. ¿Mejores o peores? No haremos una clasificación en este pequeño texto ya que no es el lugar y tan solo diremos diferentes.

Bien, como hemos mencionado, lo primero que llama la atención de Total War: Rome II es la espectacularidad de su presentación. Un ordenador de potencia media-alta tendrá problemas para mover toda su propuesta de una forma digna. Nunca antes vimos la antigua Europa, el Próximo Oriente y el norte de África con ese grado de detalle y potencia. Sin embargo y esta es otra marca de la casa, esta presentación es en demasía simple. Las ciudades son caricaturas, pegotes en el mapa ocupando más de lo que razonablemente pudiera suponer. Esta simpleza no solo empaña y baña a todo el juego sino que el propio título la convierte en su bandera. Los párrafos que encabezan este texto  resumen de manera somera todo lo que se puede hacer en el juego y todo lo que esté nos permite hacer. Esta simpleza corre en contra del propio título ya que de haber aprovechado toda la potencia gráfica en otras cuestiones que si plantean los otros dos títulos mentados como por ejemplo la gestión de las facciones del Senado y el propio cursus honorum de los nobles romanos o las líneas de suministros, dos pequeños detalles que engrandecerían y aumentarían al propio juego. Pero no únicamente este aspecto, las vertientes diplomáticas y económicas del título están seriamente capadas. El comercio únicamente tendrá la función de ser el objeto de la firma de acuerdos comerciales que el jugador concordará sin demasiadas dificultades obteniendo a cambio una corriente de ingresos constante a lo largo de la partida a no ser que declare a la guerra a la facción con la que comercia, en cuyo caso, y evidentemente, el acuerdo comercial caerá bajo el peso de las armas. El otro factor económico son los propios impuestos, sin tener en cuenta la diferenciación social o el extracto de la población de las ciudades romanas donde cada uno pagaba según el lugar donde se encontraba socialmente, aspecto que de haber sido implementado aumentaría de nuevo las opciones jugables.

Hasta aquí las opciones económicas, pero las opciones diplomáticas no van más allá y tras declarar la guerra nos encontramos con la firma de los susodichos acuerdos comerciales, la petición de alianzas con sus respuestas negativas como tónica general y la creación de estados clientelares. Hasta aquí toda la lista de opciones. Títulos como Alea Jacta Est tendrían mucho que enseñar a títulos como Total War: Rome II. En definitiva, las opciones diplomáticas del título siempre se verán reducidas a una: la guerra.

Todo esto en cuanto al mapa táctico del título. Una opción completamente desaprovechada de la obra. Por supuesto no estoy hablando de convertirlo en un juego tan complejo como Alea Jacta Est, pero si, al menos, de dotarlo de cierta complejidad y profundidad que haría del título una oferta sin duda mucho más interesante. Y es que este es el verdadero problema del título al menos para los ojos curtidos en la alta estrategia, todo hay que decirlo. Total War: Rome II y al igual que toda la saga Total War se queda entre dos aguas, entre la alta estrategia y la estrategia en tiempo real. Coge aspectos de uno y otro lado pero sin llegar a mojarse nunca, sin llegar a apostar por ninguno o por crear su propia combinación original y auténtica que lo haga una obra aún más interesante, o mucho mejor, por fusionar los dos géneros en uno solo. Desde luego la potencia y los requisitos que el juego requiere darían para hacer un juego de esas dimensiones. Por supuesto y es evidente, si el juego tuviera la complejidad de un Alea Jacta Est vendería lo mismo que un Alea Jacta Est. Sin embargo cada vez que se inicia una partida la misma idea ronda nuestra mente: si hubieran querido ¿Está justificada o es lícito hacer hincapié en la simpleza y la espectacularidad para asegurar las ventas? Esta pregunta para muchos está contestada por sí sola de manera afirmativa ¿Pero verdaderamente debemos dejar de lado asuntos tan importantes para la vida política romana como la aprobación de leyes en un juego dedicado a representar la propia vida política romana del período altorepublicano romano?

Por supuesto y como hemos mencionado el aspecto más llamativo del título está contenido en las batallas en tiempo real. Estas son realmente espectaculares, especialmente si el ordenador donde el usuario lo ejecuta tiene la potencia necesaria, entonces deja de ser un juego para pasar a ser un péplum, como indica la propia posibilidad incluida en el juego de ver el campo de batalla a través de un aspecto cinematográfico. Claro que esta opción por el apartado bélico por mucho que deslumbre no es perfecta, ni mucho menos. La poca variedad de tropas dentro de la república romana es como mínimo preocupante así como la inclusión de excesivas licencias. Claro que la recreación de las tropas es un aspecto a favor que le otorga muchos puntos positivos a la obra. Sin embargo el título vuelve a caer en la misma trampa, la simpleza. Una vez el jugador haya librado una decena de batallas se percatará de la existencia de técnicas o tácticas vencedoras en muchas de las ocasiones como por ejemplo la que hemos descrito en los primeros párrafos. Avanzar con la infantería en posición defensiva cubierta por las tropas auxiliares disparando flechas y la reserva de la caballería para el momento justo dará al videojugador una cifra extraordinariamente alta de victorias. Estrategia a la que si sumamos la inversión total en el plano investigador y constructor al ámbito del comercio nos dará como resultado la victoria aplastante en el juego en, relativamente, pocos turnos.

En definitiva y antes de pasar a otro aspecto del juego que encontramos sumamente interesante tan solo diremos que Total War: Rome II es un gran juego que se queda entre dos aguas, entre las dos orillas de la estrategia actual, la alta estrategia de Paradox y la estrategia directa y acelerada de Relic Entertainment sin llegar a desarrollar un esquema propio y con una identidad marcada ya que se limita a adquirir rasgos de una y otra orilla. En este caso la orilla beneficiada ha sido sin duda la sueca, ya que se puede percibir a simple vista la multiplicación de facciones y regiones del título con respecta a anteriores entregas.

El aspecto que consideramos más interesante de Total War: Rome II es su ambición. The Creative Assembly ha realizado sin duda una ardua tarea documentalista donde ha puesto nombre y características visibles a un gran número de tropas y facciones poco conocidas como por ejemplo todas las tribus galas y germanas. Además, por supuesto, de recrear una supuesta incipiente República romana dominada por tres familias, los Junios, los Julios y los Cornelios. Sin entrar a discutir si este aspecto es válido o no históricamente tan solo diremos que Total War: Rome II ofrece unas posibilidades educativas y pedagógicas increíbles para la enseñanza de la Historia de Roma y de toda la Histora Antigua reciente en su totalidad. Gracias a él podríamos enseñar de manera clara y directa las causas de las Guerras Púnicas, por ejemplo, pero tan bien la necesidad de Roma de conquistar la Península Ibérica y desde ahí todo el proceso de romanización peninsular tan importante y esencial para el conocimiento exacto de nuestros días. Pero no solo para la Geografía tendría un gran uso, aspecto sin duda de gran importancia, sino también para la Historia, ya que a través del mapa general se podría ir enseñando la expansión de la República romana y otros aspectos de la cotidianeidad  del pueblo romano como por ejemplo la importancia de los generales y el ejército en la vida de un romano o las formas de gobierno y su influencia en la actualidad, así como de las rutas marítimas y el comercio amén, por supuesto, del aspecto bélico, el mejor representado en el juego sin lugar a dudas. Gracias a él se podrían recrear batallas y acontecimientos bélicos con gran exactitud así como explicar las distintas tropas, su funcionamiento y equipamiento hasta su evolución en el tiempo. Y la gran baza del título es que no solo está representada la facción romana sino que todas las demás facciones del juego como cartaginenses, griegos, persas y bárbaros están llevadas a la pantalla de una manera francamente genial donde todos sus atributos y rasgos están presentes. Todo un lujo para motivar al alumnado a través del ocio pero de una manera documentada e instructiva. Claro que y esto hay que dejarlo claro, de una manera muy simple y parcial, ya que para un mayor grado de conocimiento sobre el tema habría que acudir a otros títulos.

En definitiva, Total War: Rome II es un gran juego que peca de una falta inexcusable, la simpleza. Quizás a muchos lectores les parezca un ultraje denominar a tal juego de simple, pero si uno juega a otros como Crusader Kings 2 (id.; Paradox Development Studios, 2011) o el citado Alea Jacta Est se podrá dar cuenta del porqué de la denominación de simpleza. Total War: Rome II se queda únicamente en la superficie, en la vistosidad y no apunta sus características a la profundidad y la táctica, aspectos que convierten a un simple título como Europa Universalis: Rome (quizás el menos complejo del estudio) en una verdadera adicción además de en toda una enseñanza de Historia de Roma. Simpleza debida a la intención de agradar a todo el espectro de jugadores, al seguidor de la Alta Estrategia y al seguidor de la Estrategia en Tiempo Real, quedándose el estudio en tierra de nadie donde tan solo él y otros pocos títulos se encuentran, aunque salva este escollo y se sitúa entre los juegos más populares del género gracias a una espectacularidad gráfica pocas veces vista en un juego de estrategia.

N. del A: Como se puede apreciar a lo largo del texto nos hemos centrado casi en exclusiva en el mundo romano. El propio título del juego así como todas las imágenes cedidas por la desarrolladora apuntan a Roma. Y es por esto que es la facción mejor representada, además, en aras de poder compararlos con los otros dos títulos mentados hemos querido hacer especial hincapié en el mundo romano y en la idea, no únicamente de simpleza, como puede extraerse del texto sino de quedarse a medias, de poder haber ido más allá y realizar el juego de alta estrategia definitiva donde todos los aspectos estén presentes, desde las tácticas militares en el campo de batalla, el reclutamiento de las tropas y el balance entre ciudadanos, no ciudadanos y esclavos hasta la guía de la nobleza a través del cursus honorum. En definitiva, aspectos que se encuentran presentes en otros títulos dedicados al mundo romano pero que no encuentran su hueco en la obra de The Creative Assembly.

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  • Imagen de perfil de Alberto Venegas RamosAlberto Venegas Ramos
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    #35673

    Extracto de la correspondencia entre Cayo Cornelio Sila y Lucio Emiliano Bruto: “El Senado, un ente impersonal para Gneo Cornelio, le encomendó una si
    Lee el artículo completo en http://www.zehngames.com/analisis/total-war-rome-ii-entre-dos-aguas/

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    #35674

    Es curioso, los romanos siempre han esgrimido que su expansión se debía simplemente a que defendían sus fronteras de los pueblos que les atacaban. Por otro lado Total War es una saga con la que todavía no me he atrevido a entrar (tampoco es que haya jugado a muchas más de las típicas como Age of Empires o Civilization), pero últimamente ando buscando un nuevo estilo de estrategia y con la cantidad de juegos que estás recomendando en tus entradas me está viniendo genial para probar nuevos estilos y recopilarlos. Por como la pintas quizás a un iniciado como yo que no ha jugado demasiado a un juego de alta estrategia como paso intermedio a juegos más especializados como Crusader Kings o Europa Universalis.

    Y eso si, felicidades porque me ha encantado como has introducido el análisis del juego a través de la historia del general Gneo y las distintas opciones que te da el juego. Por otro lado, me gustaría preguntarte, en una situación real, ¿cómo usarías este juego en un ejemplo práctico en una clase de Historia?, ¿jugarías tú para enseñar a los alumnos o dejarías que ellos experimentasen las batallas?

    Imagen de perfil de Alberto Venegas RamosAlberto Venegas Ramos
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    #35675

    Si, los romanos perfeccionaron hasta el delirio la técnica del «casus belli» y en muchas ocasiones, como por ejemplo la Tercera Guerra Púnica o la Guerra de Yugurta sus causas fueron la defensa de un aliado, y este tipo de cosas, tan características y señeras de este pueblo apenas aparecen en el juego, una pena. El tema de mi entrada es que con los medios que tenían para recrear un período histórico se quedan cortos, se quedan en la superficie, en lo simple, y eso es una pena. Por esto mismo te animaría a que comenzaras directamente a jugar con los juegos de Paradox, especialmente Europa Universalis III, que no es especialmente complicado. Los vas a disfrutar mucho más al saber de Historia 😉

    Muchas gracias! Como ya te he dicho otra veces, da gusto escribir así 😀 Pues en una situación real recomendaría que jugaran en casa, y en clase, a través de un proyector y con el juego navegaría por el mapa, que al estar muy simplificado y con una representación gigante de las principales ciudades podrías explicar algo de geopolítico a los alumnos de manera muy básica y les enseñaría las diferentes tropas. Sin embargo les animaría aún más a que jugaran al Europa Universalis: Rome para que aprendieran como se manejaba la República Romana y que era el Cursus Honorum, dos aspectos de capital importancia para el período que desarrolla el juego. Además les recomendaría toooooodas las biografías de Lucio Cornelio Silas, el mejor personaje que nos ha dado Roma 😀 Un saludo!

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    #35676

    Pues me apunto lo que me comentas de Europa Universalis III. Imagino que para el periodo medieval me recomiendas por encima de todo Crusader Kings II, ¿verdad?

    Imagen de perfil de Alberto Venegas RamosAlberto Venegas Ramos
    Participante
    #35677

    Crusader Kings II no es tan difícil, mucho peor es Hearts of Iron III, aunque dominarlo y conocer todos sus resortes es ya harina de otro costal, pero después es peor que una droga! 😀

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