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Life is Strange, la adolescencia y sus decisiones

2015-02-11
2 comentarios

Ya se sabe lo difícil que es la adolescencia. Esa época que todos hemos vivido en la que se marca el proceso de transformación del niño en adulto, pero en el que todavía no se es ni una cosa ni la otra. ¿Qué complicados son los puntos intermedios, verdad? Pues justamente en el centro de todos los medios encontramos a los adolescentes. Etapa de descubrimiento a nivel emocional y sexual, y justo donde se comienza a experimentar la autonomía individual. De hecho, ¿quién no ha exigido en algún momento de su adolescencia esa autonomía individual?

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¿De pequeños odiábais a vuestros padres por elegir a vuestros amigos? Yo tampoco. De hecho es lo que hacen todos, y no pasa nada. Antes de entrar en ese terrible punto intermedio donde no se es ni niño ni adulto, sino que aún estamos en el primer peso de la balanza nuestros padres son nuestros valedores. Ellos seleccionan por nosotros cómo nos vestimos, cómo pasamos nuestro tiempo libre, quiénes son nuestros amigos, quiénes no pueden serlo… Es lo normal. ¿Os imagináis tener que estar pendiente de todo eso? No, la gran mayoría no queríamos responsabilidades y de hecho ni siquiera conocíamos su significado. Lo que sí sabíamos es que éramos felices, o al menos nunca habíamos sido otra cosa distinta a esa. Y gran parte de la culpa la tuvieron nuestros padres, esos valedores que elegían todo por nosotros y a los que en realidad todos agradecemos tan poco en el futuro. Sobre todo cuando llegamos a ese punto intermedio de la adolescencia.

¿Uno sabe lo que quiere hacer en su futuro con 14 o 15 años de edad? Posiblemente no, y hay ejemplos de personas con el doble de edad que tampoco lo saben. Llegados a esa edad tenemos que comenzar a tomar decisiones de forma diaria, ¿lo recordáis? Nuestros padres ya no eligen la ropa que ponernos todas las mañanas antes de ir a clase.

¿Os imagináis que vergüenza si nuestros compañeros descubrieran que nuestros padres todavía nos eligen la ropa a esa edad? ¿Qué pensaría esa chica tan guapa de la otra clase con la que suelo cruzar miradas por los pasillos…? No, ahora ya soy mayor, tengo responsabilidades. Aunque me sigue gustando jugar a videojuegos, qué se le va a hacer…

Vas haciéndote mayor y las decisiones, a su vez, también son mayores. Ya no te encuentras en el punto intermedio de la balanza si no que comienza a moverse poco a poco. Y parece ser que en el extremo al que se acerca la palabra “adulto” está inscrita en él. ¿Qué rollo es eso de convertirse en adulto, verdad? Aunque bueno, en realidad con 16 o 17 años quieres serlo. No quieres que te sigan tratando como a un niño, ya no lo eres. ¿O sí? Tus padres siguen estando a tu lado, cada vez eligen menos cosas por ti pero siguen siendo los conductores de tu vida. Por lo menos ya llevas tiempo eligiendo a tus amigos y eligiendo a la gente a la que querer sin depender para ello de tus padres.

Qué bonito es eso de querer. El otro día y después de tanto tiempo tuve valor de pedirle a la chica con la que llevaba tanto tiempo cruzando miradas que si quería quedar algún día conmigo, me dijo que sí. Tengo que parecer un adulto, que sabe lo que se hace, y que no depende de sus padres. No, parecer un adulto es lo mejor. ¿Quién querría seguir siendo un niño? Tengo que impresionar a la chica, y a ellas no se las impresiona diciendo que me encantan los videojuegos. Tendré que inventarme otra cosa. ¿O es mejor ser sincero desde el principio? Qué difícil es esto de tener que elegir.

Cuando acabas el instituto, empiezas a ser consciente de un nuevo punto de inflexión en tu vida.

¿Qué quiero hacer con mi vida? Esa cuestión que veía tan lejana hace tan poco tiempo me ha atrapado sin remedio, y no puedo escaparme sin decidir. Pero, es tan difícil… Una decisión como esta puede cambiar tu vida por completo . Mamá y papá me aconsejan, pero no pueden decidir por mí. Tampoco quiero que lo hagan, aunque era tan sencillo cuando lo hacían y a mí no me importaba… Crecer no es tan bueno como parece, ¿verdad? Tener que ir a la universidad, dejar atrás a mis amigos, aquellos que tanto me costó elegir, esas personas que quiero y que sin embargo ya van a formar parte de mi pasado. Pero ahora no estamos hablando del pasado, sino del futuro. Me da envidia de mi novia (sí, aquella chica ahora es mi novia), que sabe desde hace tiempo qué quiere estudiar y a qué se quiere dedicar, ojalá yo también lo tuviera tan claro. ¿Ser un adulto es esto? ¿Elegir? Las decisiones son cada vez más importantes y relevantes. Me siguen gustando los videojuegos, quizás estudiar algo relacionado con ellos… o quizás con el cine, que también me gusta. ¿O a lo mejor no tiene mucho futuro laboral? Qué lío… Con lo feliz que era de pequeño sin preocupaciones.

Si por lo menos pudiera volver atrás en el tiempo en caso de equivocarme… ¿estaría chulo, verdad? Seguro que hubiese pedido a mi novia que saliera conmigo mucho antes de lo que lo hice… total, se lo hubiese preguntado y si me hubiese dicho que no, ¡volvería atrás en el tiempo y ya está! Pero me estoy dando cuenta de que la vida es difícil. Al final mis padres van a tener razón, como siempre terminan teniendo. La de líos en que me he metido y la de estupideces que he cometido hasta llegar aquí… Ha llegado el momento de convertirse en adulto. Tengo que decidir y, por desgracia, no puedo volver atrás en el tiempo en caso de equivocarme.

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La vida es extraña

“el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”

 

 

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Life is Strange (Dontnod Entertainment, 2015), nos pone en la piel de Max, una adolescente de 18 años de la que podríamos decir que está bastante más cerca de la adultez que de la niñez, y alejada de ese punto intermedio a veces insoportable. Ella sí sabe lo que quiere hacer con su futuro, o por lo menos eso cree. Estudiar fotografía en una de las escuelas más prestigiosas del mundo es un estímulo irrechazable para cualquier amante de ese arte, y ella lo es.

Encontrarnos con situaciones típicas de esa edad será común, y evidentemente una ristra de personajes con los que interactuar que se adaptan a todo tipo de perfiles y tópicos también, aunque incluso aquellos rasgos estereotipados que nos encontremos también contarán con cierta profundidad. La diferencia absoluta residirá en algo que ya ha hemos sobrevolado con anterioridad. ¿Qué pasaría si Max, al contrario que nosotros, pudiera viajar atrás en el tiempo? ¿Qué pasaría si ella pudiera vivir el final de su adolescencia con esa capacidad?

El llamado efecto mariposa no es más que un concepto de la teoría del caos que se asemeja a lo que nos puede explicar la causalidad de forma más sencilla. Esto es que existe una relación directa entre un evento (la causa) y otro (el efecto), en la cual el segundo se entiende como una consecuencia del primero. Max tendrá la capacidad de seleccionar distintas causas, observar cuáles son sus efectos y por tanto sus consecuencias, y volver atrás en el tiempo (en el caso de que lo deseemos) para probar con otra causa, que evidentemente conllevará otro efecto que a su vez traerá otra consecuencia diferente. ¿Quién no lo hubiese deseado en su vida?

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Lo que nos enseña Life is Strange es que a pesar de que Max tiene la capacidad de viajar al pasado (y por tanto variar su futuro inmediato) la dificultad de elegir siempre estará presente en su vida. Las decisiones que tomamos en nuestra vida no se resumen en simples síes o noes, cuyas consecuencias son blancas o negras. Al contrario, la vida está llena de decisiones de tonos más grises, que también producen consecuencias igual de grises e imposibles de dilucidar para entender el futuro. En ocasiones, incluso con la capacidad de viajar en el tiempo y con la posibilidad de observar todos los efectos posibles de las causas seleccionadas no sacaremos nada en claro con nuestro futuro, o mejor dicho, con el de Max.

También hay decisiones que afectan a un futuro más lejano, por lo que sería imposible utilizar este poder. Si volvemos a uno de los conflictos antes leídos, ¿serviría de algo volver atrás en el tiempo cuando decidimos lo que vamos a estudiar en el futuro? No, la consecuencia inmediata producida no serviría para darnos cuenta realmente de si hemos elegido bien o mal.

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Porque quizás no todo sea bueno o malo en nuestra vida, y al igual que la adolescencia, todo se encuentra en un punto intermedio difícil de medir. Max se hace mayor, y nosotros también, y al final las emociones y los sentimientos que ambos vivimos se convierten en la esencia principal de Life is Strange por encima de la capacidad de viajar en el tiempo, que pocas veces servirá de absoluta clarividencia para nuestra protagonista.

Aún pudiendo viajar atrás en el tiempo, la vida continúa siendo igual de extraña. Curioso, ¿no creéis?


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  • Imagen de perfil de Álex ParejaÁlex Pareja
    Participante
    #61649

    La vida son decisiones y crecemos con ellas.

    Lee el artículo completo en http://www.zehngames.com/analisis/life-is-strange-la-adolescencia-y-sus-decisiones/

    Imagen de perfil de Luis Morales ArizaLuis Morales Ariza
    Participante
    #61652

    Muy bonita reflexión sobre un tema que seguro que todo el mundo se ha planteado alguna vez. ¿Quién no se ha imaginado eso de volver atrás en el tiempo e intentar remediar algo cuya consecuencia no nos agradó?. Sin embargo, no es tanto si hemos elegido bien o mal. Lo hecho, hecho está, y es así como hemos conformado nuestra forma de ser actual, como dicen muchos, aprendiendo de modo continuo o a base de palos. Ha sido un camino de miles de decisiones, y difíciles la mayoría, y dependiendo de ellas, somos mejores o peores en algún que otro ámbito.

    ¿Y? Así somos. El mundo sería muy aburrido si todos fuésemos iguales y buscásemos esa “vida perfecta” que imaginamos. Que siempre haya retos y dificultades a las que enfrentarnos es la esencia y emoción de la vida.

    Imagen de perfil de Paula R.DPaula R.D
    Participante
    #61686

    A mí también me ha gustado mucho la forma en la que se ha aborado la aproximación a la premisa de este videojuego, que me ha llamado muchísimo la atención. La tentación de tener la posibilidad de enmendar tus errores o de probar una vía alternativa que descartaste en su momento es muy peligrosa, pero todos nos la hemos planteado alguna vez, como dice Luis. Casi podría pensarse que esa posibilidad podría ser nuestra salvación, pero todo indica que el juego justamente desarrolla las razones por las que esto no es así.

    La premisa, de hecho, me recordó a la de Radiant Historia, en la que también podíamos (y debíamos) volver atrás en el tiempo para reescribir nuestras decisiones. Lamentablemente, no alcancé a llegar muy lejos y no podré hacer un vínculo entre ambos juegos, pero lo señalo por si a alguien le interesara explorar esta temática en otros títulos.

    Una de las cosas que más destaco de este texto es su potencial evocativo. Me pasó, mientras lo leía, que recordé esa sensación cuando uno era niño o adolescente de que los adultos eran gente muy, muy lejana a nosotros, como si habitaran otro espacio y tiempo. Recuerdo que, en esos juegos en que uno podía conocer la edad de los personajes, uno leía “25-30 años” y pensaba en seguida en un adulto hecho y derecho, con autonomía y capacidad para hacerse responsable de muchas cosas. Lo tremendo es llegar al fin a ese rango de edad y darte cuenta de que sigues teniendo las mismas dudas y los mismos temores esenciales de toda tu vida. Muchas cosas pueden haber cambiado (tus gustos, tu solvencia económica, qué sé yo), pero en rigor sigues siendo una niña/muchacha extraviada en calles que no conoces, que se alegra ridículamente ante la posibilidad de tomar un helado y a quien se le siguen llenando de lágrimas los ojos en el desenlace de Terranigma. Crecer, hacerte “adulto”, si se quiere, debiera pasar también por eso, supongo: reconocer que esa esencia que es tan tuya no va a cambiar y que siempre sigues siendo tú, con tu lastre de alegrías, tristezas y temores. Y parte de eso lo empieza a entender uno hacia el final de su adolescencia. Me parece estupendo, en ese sentido, que se aborde desde el potencial de volver al pasado y así entender mejor por qué decidiste algo de la forma en que lo hiciste. Un poco como “The Road not Taken” de Robert Frost:

    Two roads diverged in a yellow wood,
    And sorry I could not travel both
    And be one traveler, long I stood
    And looked down one as far as I could
    To where it bent in the undergrowth;

    Then took the other, as just as fair,
    And having perhaps the better claim,
    Because it was grassy and wanted wear;
    Though as for that the passing there
    Had worn them really about the same,

    And both that morning equally lay
    In leaves no step had trodden black.
    Oh, I kept the first for another day!
    Yet knowing how way leads on to way,
    I doubted if I should ever come back.

    I shall be telling this with a sigh
    Somewhere ages and ages hence:
    Two roads diverged in a wood, and I—
    I took the one less traveled by,
    And that has made all the difference.

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