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La Sonata de Jazzpunk

2014-02-27
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Pulp fiction, en su más arraigada expresión, es uno de los “géneros” literarios más diversificados de la historia pues actúa constantemente como el recuerdo enraizado de la crisis creativa que el resto de los cómics sufrió durante una época y que, el arte pulp, rescató de manera poco recordada y vanagloriada. Seguido por unos pocos en distintos ángulos del arte (entre los que encontramos al gran Quentin Tarantino), malinterpretado por muchos de manera constante convirtiéndolo en un género ampliamente pervertido y desconocido para el gran público. Este hecho no ha desaparecido en los videojuegos y sigue manteniéndose oculto tras bastidores de muchas otras obras “experimentales” que han llegado a la industria de la mano del género independiente.

Sin embargo, Jazzpunk (íd.; Necrophone, 2014) se perfila como uno de los caballos de batalla del arte Pulp en los videojuegos, con una sonata de Jazz maravillosa y un desorden de ideas bien fabricadas, logra enganchar al jugador en una espiral de surrealismo y sonidos estrafalarios. JazzPunk es la catarsis del Pulp en su máxima expresión, una diversificación del género y una conversión total de lo que apenas puede llamarse “Aventura gráfica”, pues flexibiliza un género que aparentemente ya no podía tener más combinaciones posibles. Jazzpunk rompe los estándares todo el tiempo, confundir al jugador y sumirle en el absurdo de su narrativa pero sin perder el hilo conductor que une cada capítulo con risas y diversión.

Pulp nunca fue un género a tener en cuenta, de hecho, en sus inicios ni siquiera el termino representaba un género o un estilo de narrativa, sino un estilo de impresión para las tiras cómicas de los años 30 de bajo coste, pero con el paso de los años. Puede que su propio formato de bajo presupuesto empujase a la identidad propia de las tiras cómicas que se ceñían bajo el termino Pulp, sean cuales sean los orígenes humildes de este diverso género, su modesta aparición arrastra al más nostálgico a querer interesarse más y más por un género que solo algunos directores de cine B han logrado captar de manera precisa y personal. En los videojuegos la situación no es distinta y dicho género “independiente” se mantiene como pinceladas tímidas en diversas obras de acción clase B como Shadow Warrior (íd.; Flying Wild Hog, 2013), entre otros.

Aquí, en la escena desértica del género nace JazzPunk, como una analogía directa a los años 30, surge de la nada y sin necesidad de apoyos artísticos dentro de la industria. El estudio de desarrollo Necrophone debuta con un título a la altura de sus ideales estelares aunque con una mezcla intencionada de géneros artísticos, con una comedia estrafalaria y constante junto con un Jazz divertido (sobran nombres) y bohemio en un mundo que hace gala de su apariencia despreocupada y desordenada.

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El Surrealismo entendido como tal, es el género artístico donde los elementos convergen en un desorden mental para explicarse a sí mismos variando el enfoque del espectador. Jazzpunk aprovecha dicho argumento para compaginar el Pulp y el Surrealismo en un collage de colores estrafalarios y brillantes para deformar la realidad que nos plantea. Letras que se caen, personajes sin sentido que reaparecen constantemente sin un hilo conductor aparente, mecánicas inamovibles y propias de cada episodio, marca de la casa aportan aún más inverosimilitud al compendio desorganizado  y escenarios vistosos propios de la paranoia ochentera en la que nos sitúa la obra independiente.

Jazzpunk aprovecha su personalidad errática y nos da la oportunidad de seguir su historia (lineal) o sus secundarias jugosas y absurdas que nos sacan una sonrisa con su ingenio escondido y su desbordante hilaridad intencionada. No, Jazzpunk no se aprovecha de bromas estúpidas y entuertos monótonos que no causan gracia, sino todo lo contrario, bombardea al jugador con pequeñas pero numerosas referencias artísticas, históricas y cinéfilas desde un crisol de autosuficiencia narrativa cómica. Jazzpunk es un enorme compendio de desastres que funcionan perfectamente y que de cualquier otro modo nos parecerían insufribles. Combina de manera especial diversos géneros artísticos en una sola pantalla para explicar lo inexplicable, explicar por qué le disparamos rayos a las palomas, explicar el absurdo como  herramienta motivadora para continuar con una historia difícil de explicar y con giros argumentales tan variopintos como la temática misma del juego.

La parodia de la paranoia  de la guerra fría: Jazzpunk es un homenaje a Teléfono Rojo: Volamos hacia Moscow

Jazzpunk es inclasificable, aunque sigue la estela de Gone Home (íd.; The Fullbright Company , 2013) dentro de las aventuras gráficas, de parecido solo tienen el espíritu, pues Jazzpunk permite al jugador sentirse jugador y no espectador, le permite apersonarse de la comedia constante que le rodea y del agresivo cambio que tiene a lugar cada misión durante el juego mientras personificamos al misterioso agente Polyblank en una oscura y divertida conspiración internacional.

Con una duración “media” de  3 horas (si has obviado sus secretos), Jazzpunk envenena al jugador ganando tiempo, permitiéndole creer que la historia aún le quedan fragmentos inconexos esperando ser atados al núcleo del juego y ¡Que no importan! Jazzpunk no sigue una lógica aparente, aunque sí tenga una trama más que interesante y muy dinámica, no busca que las misiones secundarias y demás enigmas tengan conexión con la historia y le permite en su surreal metamorfosis al confundido y absorto jugador, especular sobre la conexión aparente que tiene todo el universo de espionaje que nos rodea. Desde la furgoneta de helados hasta el saxofonista que pide monedas en la acera de la calle, todo tiene conexión si así lo aparenta y si el jugador tiene la delicadeza de explorar el mundo punk de la obra.

Pues la anarquía punk no se queda atrás y hace honor al título de la obra, el desorden y el caos del azar se encuentran en la carta del día al momento de jugar Jazzpunk, personajes que no deberían estar en sus ubicaciones, formas caóticas de cumplir un objetivo y la eterna vicisitud del caos organizado conforman un apartado Punk que, aunque confunde al jugador, no le complica la vida con objetivos de eterna búsqueda de ítems, sino con la extrema libertad de preguntarte “¿Que me tendrá preparado el juego?” La pregunta es constante pues no habrá dos misiones con objetivos iguales y soluciones menos bizarras que las anteriores. Desde usar arañas hasta el disfraz de seducción femenina que parodia a las películas de detectives e infiltración de Hollywood;  las soluciones parecen orquestadas por una omnipresente mente desquiciada que trastorna al jugador haciéndole reír del sin sentido que le rodea. Sátiras, críticas sociales, parodias políticas y sarcasmo bizarro son parte del Punk de la obra, descarado y apasionado como ninguno, haciendo frente a la seriedad de su “género” y abrazando al Pulp y  al Surrealismo en una bella anécdota que, sin disparos ni espadas, convence al jugador y le divierte.

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El apartado artístico resalta en los dos puntos fundamentales: El color y la música. El color en el título recuerda a los tonos de un Borderlands (íd.; Gearbox Software , 2009) o de Hotline Miami (íd.; Dennaton Games , 2012), vibrantes por sus contrastes psicodélicos y con carisma propio, grises cuando necesitan serlo y descarados cuando se solicita, una paleta nutrida de variaciones estrafalarias que no precisan de sentido para ser usadas pero que, en su absurdo cumplen y maravillan. El sonido en Jazzpunk repite el Jazz pero con la particularidad de no ser constante, solo algunas zonas de cada mapa tienen una pista distinta y esto le hace aún más personal. Jazzpunk no abusa de suerte y nos da a retazos lo necesario, nos saca una sonrisa cuando una escena divertida con un compendio inagotable de referencias sale en pantalla y es amenizado de manera automática con una banda sonora perfecta para el humor y el tono del videojuego. Un título que abraza a distintos géneros y ¡Funcionan de manera especial!.

 Un viaje en el tiempo, del pasado al presente unido por una retahíla infinita de referencias culturales

Uno de los puntos fuertes del que puede gozar Jazzpunk es de su homenaje al arte y a sus hermanos videojuegos. Detrás de cada esquina vemos un recordatorio al cine y al arte, desde El Resplandor (The Shining; Stanley Kubrick, 1980) hasta Frogger (íd.; Konami , 1981). Del Cine B a la música Pop actual de un plumazo, sin prepotencia y sin miramientos, bombardeando al jugador con pequeños huevos de pascua cargados de comedia y buena vibra (especial homenaje a Tarantino pero sin violencia). Capaces de hacerte sentir dentro de una obra imperecedera por su naturaleza homenaje. Mortal Kombat (íd.; Midway , 1992) hace aparición así como el omnipresente temor al arma nuclear y a las obras de Stanley Kubrick, a los mitos urbanos sobre un gobierno destructor y mucho más, bastante  bien escondidos un gran número de ellos convirtiendo cada partida en una razón más para rejugarlo, ganando horas sin sacrificar comedia ni sentido, sin estirar demasiado el hilo ni sacrificar su suerte. Jazzpunk se arriesga a que el jugador no quiera descubrirlo y lo logra, logra engañarle y confundirlo con el absurdo y hacerle creer que la solución al objetivo principal es complicada, le hace pasear por todo el mapa aun cuando el ítem necesario para terminar el objetivo principal estuvo todo el tiempo delante de él.

Jazzpunk no se estanca, cuando crees que has visto todo el juego te sorprende y te vuelve a recordar que lo absurdo no tiene fin más que en la mente de aquel que quiere hallar sentido a todo y repito, Jazzpunk merece ser hilado pero no lo necesita, no requiere pensarlo si no dejarse llevar por lo que pensaron los chicos de Necrophone, no entenderlo, saborearlo con cada click de los muchos que daremos al jugar.

Con un inglés muy simple para entender y una duración de tres horas, Jazzpunk se perfila en la lista de juegos indie a tener en cuenta para este año. Sin duda, un debut majestuoso de un videojuego que es arte con nombre y apellidos, si es que los videojuegos son arte. Jazzpunk es el sincretismo despreocupado, sin prepotencia ni presuntuosas intenciones, solo con la delicada intención de que le descubras y te verás arrastrado a hacerlo porque el juego te premia con una sonrisa cuando ves la referencia a Star Wars  y la reconoces, o al rememorar el multiplayer de Quake (íd.; id Software, 1996).

Jazzpunk es un encuentro de arte, donde el Surrealismo toma café con el tan despreciado Pulp mientras el Punk campa a sus anchas en cada zona a explorar.

Jazzpunk es lo que necesitaba el género de la Clase B cinéfila en los videojuegos, es lo que necesitaba el Pulp y el Noir (en menor medida), es la evolución de un género que vuelve a desdoblarse para intrigarnos e innovar. Jazzpunk merece ser probado por muchas cosas inclasificables e inenarrables que deben ser descubiertas tras una de las mejores intros en la historia reciente de los videojuegos. Tantos géneros artísticos pocas veces  se han visto tan bien representados como lo cometido aquí.

Jazzpunk es un crisol psicodélico de artes inconexas y lógicas, en un collage desconocido y que, aún en su caos, funciona como un engranaje perfecto. Una contradicción divertida y cargada de emoción.

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