¿Olvidates tu contraseña?

La influencia de Guardiola en PRO Evolution Soccer 2017

2016-10-13
No hay comentarios


Si se trata de escoger una plataforma de pago para ver películas por internet, seguramente os recomendaría Yomvi, lo que ahora se conoce como Movistar+, aunque todo lo que tiene que ver con su interfaz me desagrade. El buscador, al menos en la aplicación de PlayStation4, es una herramienta desfasada: si quieres encontrar una película, más te vale ser preciso con el título porque, de lo contrario, los esfuerzos son estériles. Olvídate de que el programa te sugiera El Indomable Will Hunting, aunque solo te falte por escribir el apellido. No solo eso, asegúrate también de haber acertado con todas y cada una de las letras o de que el título quepa en el espacio del que dispones porque, si no, parecerá como si esa carátula que habías visto pululando por la cartelera nunca hubiese existido. La mayoría de las veces acabarás ojeando las películas por categorías (“acción”, “ciencia ficción”, “cine de autor”,…), aunque sea complicado llegar a esa página en la que te muestren todo lo que realmente tiene la plataforma para ti. En Movistar+ a veces fallan opciones tan simples como los subtítulos y, cuando funcionan, no se adaptan correctamente: puede que aparezcan textos muy pequeños y sean casi ilegibles a cierta distancia o que se camuflen con el tono general de la película por culpa del color. La aplicación necesita una revisión cuanto antes, porque podría seguir enumerando otros muchos errores de diseño que me irritan (el teclado, la navegación, el rebobinado… todo es un desastre), pero creo que con lo dicho ya se capta la idea.

 
 

Otra posibilidad, por ejemplo, es Netflix, con mucho menos contenido en cuanto a cine (al menos en España), pero con todos esos aspectos bastante más pulidos: con sugerencias en el buscador que le evitan las parrafadas  y con una interfaz más amigable. Netflix se adapta a tus gustos desde la portada. Te espera con el último capítulo de la serie que sigues y aguarda un tiempo prudencial para enlazar el próximo episodio cuando finalice el que estás viendo. Desde luego, sabe cómo retenerte. Además, si quieres poner la versión original con subtítulos a mitad del metraje, no hay problema, incluso el texto se adapta para que no te pierdas nada del guión durante esos segundos en los que se achata la pantalla mostrando las opciones del menú. Nada que ver con Movistar+, enemigo del diseño siempre que tiene ocasión.
Sin embargo, como dije al principio, si me preguntan que plataforma es mejor para ver cine… me inclinaría por la primera. Solo es una cuestión de oferta, ya que de nada sirve todo lo anterior si a la hora de la verdad las películas que quiere ver están en otro sitio. Se podría decir que si te interesa el cine (en series ya podríamos discutirlo), al menos por ahora, tu plataforma es Movistar+. Pues bien, algo similar sucede con la cantinela anual de los juegos de fútbol. Pro Evolution Soccer 2017 (Konami, 2016) es un desastre en muchos de los apartados en los que brilla su competencia (interfaz, licencias, ambientación, multijugador online…), pero este año si lo que te interesa es el fútbol…

La paradoja del Barça de Guardiola


«El primer año de Pep, comenzó una revolución en el fútbol. En pocos años ya nadie jugaba con balones largos, incluso el Real Madrid cambió su estilo»

– Xavi Hernández

Posiblemente, la elección en aquella dicotomía entre Mourinho y Guardiola que tenía la directiva del Barça para suceder a Rjkaard, en 2008, haya sido decisiva en la evolución del fútbol en estos últimos ocho años. El nombramiento de Pep Guardiola fue clave para remontar el vuelo y volver a cosechar éxitos en los cuatro años que estuvo y puede que también en los que no estuvo. Quizá esa revolución en el fútbol se hubiese postergado en el tiempo o nunca se habría producido, si el elegido no fuese un discípulo íntimo de Johan Cruyff que, además, entendía la estructura de un club tan particular como el catalán. A fin de cuentas, el de Sampedor había mamado de la Masía desde pequeño y debutado con los colores blaugranas de la mano del entrenador holandés. Guardiola recuperó la disciplina, el método y la apuesta del club por la cantera, un cruyffismo al que se le sumaron tres de los mejores futbolistas de la última década (Messi, Xavi e Iniesta) y que el tiempo colocará probablemente más arriba.

El resultado fue un equipo que reconquistó el juego a través de la posesión, ese mantra que Cruyff repetía constantemente y que impedía atacar a sus rivales mientras el balón tuviese un solo dueño. La segunda premisa era clara: si nos roban la pelota, se recupera cuanto antes. La presión desde posiciones avanzadas fue una consecuencia lógica a esa obsesión por que el cronómetro corriese manteniendo la iniciativa; una acción táctica clave en los amplios márgenes de posesión que presentaba el Barcelona de Pep, pero que requería de mucho rigor, esfuerzo y sincronización colectiva. Si el equipo cumplía el objetivo, entonces no necesitaba especialistas defensivos, porque para el Barça defender era una acción coordinada en campo contrario que precipitaba el error del contrario, desempeño que bien podían llevar acabo jugadores bajitos que sobresalían más por su técnica que por su físico. Como el balón era un compañero más el 70% del tiempo, la superioridad numérica en todas las líneas se conseguía con esos jugadores técnicos y su juego posicional, que marcaban el tempo en el inicio, la elaboración y la finalización. El Barça de Guardiola salía de la meta jugando en corto con los centrales muy abiertos, un medio centro que retrasaba su posición y dos laterales un escalón por encima; elaboraba también en mitad de cancha con la superioridad que le otorgaban sus tres mediocentros, con los laterales convertidos en carrileros o extremos (por los constantes desdoblamientos) y un trío atacante que se turnaba para bajar a recibir, ensanchar el campo o romper con un desmarque de ruptura. Y luego finalizaba, claro, aplastaba a los rivales con la efectividad de su “falso” nueve (Messi) y sus “falsos” extremos (Eto’o y Henry).

No es casualidad que PES 2017 haya apostado este año por vestir de blaugrana su portada, guiño poco disimulado tras estos dos años que Konami lleva transformando la experiencia de juego a un estilo cercano al famoso tiki taka. Los títulos de fútbol intentan simular las acciones que se dan en un terreno de juego, aunque su carácter arcade aflore por momentos y los convierta más en un reflejo, que una realidad. Esas rémoras que les impiden calcar un deporte con tantas variables como el fútbol son las que propician la paradoja del Barça de Guardiola, absurdo que también aparece ahora en el baloncesto y su réplica virtual por excelencia. La irrupción de Curry en la NBA, y su tiro anárquico que le permite encestar desde posiciones cercanas al medio campo con porcentajes similares al de los triplistas en zonas ideales, es un quebradero de cabeza para los desarrolladores de 2KGames y su afán por mantener un sistema equilibrado en el exitoso NBA2K. En el caso del fútbol, los juegos, hasta hace unos años, nos permitían elaborar jugadas a un ritmo y con una eficacia fuera del alcance de cualquier equipo profesional. No solo eso, también la belleza con la que se ejecutaban eran impropias o tan siquiera comparables a lo que un aficionado podía ver un domingo cualquiera.
Este paradigma se esfumó cuando dos aspectos coincidieron en el tiempo: por un lado, la apuesta definitiva de los videojuegos deportivos por la simulación, replicando tantas físicas realistas y rutinas tácticas y colectivas como el hardware les permitía; y, por otro, la propia evolución de un deporte marcado por los nuevos esquemas de Guardiola. En 2009, cualquier jugador, que escogiese el Barça para una pachanga en el PES de ese año, podía comprobar lo difícil que era emular la sutileza con la que se desplegaba en el campo el equipo catalán. Puede que, por primera vez, la copia virtual fuese inferior a la versión original, a pesar de toda la fantasía técnica, el poco rigor táctico de la inteligencia rival y las facilidades que un título de estas características ofrece al jugador. La paradoja es que, de pronto, éramos incapaces de igualar (no digo ya superar) el atractivo de un juego pausado, técnico y combinativo que sería lo que, poco después, dominase el orden mundial en el fútbol. Un verdadero problema, porque los videojuegos muchas veces se nutren de esa narrativa emergente que convierte al jugador en un ser excepcional, capaz de realizar las mayores proezas y de situarse por encima de cualquier mortal; también, cómo no, en el ficticio rol de entrenador, desarrollando un juego nunca visto hasta entonces o, al menos, mejorando los pobres resultados del equipo humilde de nuestra ciudad. PES 2017 inicia un nuevo camino para acercarnos al fútbol actual y para que podamos mirar al Barça de Guardiola sin ruborizarnos demasiado.

Ritmo e inteligencia artificial


«Miguel Ángel decía que pintaba con la mente, no con las manos. Por eso requiero jugadores inteligentes»

– Arrigo Sacchi

Uno de los aspectos que destacan en PES 2017 es la fidelidad con que se refleja el ritmo de juego en los partidos. En esta ocasión, este concepto depende más que nunca de los principios ofensivos y defensivos de los dos equipos de la contienda. El ritmo de juego se marca por la intensidad de las acciones (tanto en ataque como en defensa) y, como es lógico, estas pueden ser rápidas o lentas. En PES 2017 no hay un ritmo predefinido, sino que depende de la disposición del jugador (o jugadores que se enfrentan) y de la IA contraria. Podemos ver un partido intenso, con transiciones rápidas entre ataque y defensa, con dos equipos que presionan arriba para precipitar los errores y que contragolpean con rapidez y precisión; pero también podemos ver los esfuerzos por ralentizar el juego: con escuadras con un buen marcaje en zona, repliegues intensivos tras pérdida de balón o temporización defensiva. En PES la primera batalla es por hacerse con el ritmo de juego; si tu estilo en ataque es lento, pongamos una selección de elaboración pausada como la española, tu cometido será evitar la presión rival (si existe), marcar el tempo para que los espacios libres aparezcan y utilizar sabiamente los apoyos permanentes; si tu método es más directo, toca minimizar los errores (a más velocidad, menos precisión) y aprovechar los contragolpes cuando el rival se despliegue en ataque. Una de las características más valoradas de PES 2017 es precisamente esto, que la narrativa de cada partido no siempre es la misma, lo que hace que sea un juego interesante también cuando te enfrentas a la CPU.

De hecho, el título de Konami es el juego ideal para aquellos que disfruten enfrentándose a la IA, los que pasan del multijugador online y rentabilicen las horas con una Liga Master eterna o fases finales de mundiales y eurocopas. Mientras que en la acera contraria, en la saga FIFA, este aspecto es más plano, con equipos siempre competitivos y eficaces en niveles de dificultad altos, en PES 2017 se mantiene esa máxima del futbol que se resume con la metáfora de la manta corta, una prenda con la que si te tapas la cabeza se descubren los pies y viceversa. Es decir, en el juego de Konami la dificultad aumenta dependiendo del nivel que escojas (clase mundial y leyenda son los recomendados para comprobar todos los avances del juego), obviamente, pero tu rival siempre tiene fortalezas y debilidades. FIFA desprende una sensación irreal, con enfrentamientos muy similares contra equipos muy diferentes, rivales capaces de jugar a un ritmo muy alto en ataque, pero con una precisión en los pases por encima del 90% y con una disposición defensiva igual de correosa que nos obliga a una exigencia similar para plantarles cara. Muchas veces, la diferencia entre enfrentarnos a un Real Madrid o un Espanyol solo la marca la efectividad cara a puerta (componente individual). Sin embargo, PES deja un mayor margen al jugador, con una IA contraria que arriesga más en ataque (si esa es la disposición del equipo) y a más riesgo, más espacios, más imprecisiones (con un acierto de pase que pocas veces supera el 80%)… Por el contrario, si enfrente tenemos al Deportivo de la Coruña, el planteamiento será diferente: con jugadores más retrasados, que buscan el juego directo o se agazapan en la portería esperando el contragolpe.
´
La IA contraria funciona bien en conjunto: elabora jugadas en ataque creíbles (la mayor parte del tiempo), defiende en bloque (con una buena interpretación de las coberturas) y está más atenta a los disparos francos. Este último detalle es una mejora en comparación al título del año pasado, en el que los disparos desde la frontal del área eran una posibilidad de gol demasiado eficiente. Este año, los defensas salen al encuentro y evitan estas acciones con mucha más frecuencia. Además, los porteros han mejorado en sus prestaciones y se muestran seguros en disparos de larga distancia. No obstante, los equipos se han debilitado a la hora de cerrar las bandas y sufren con los centros al área. Este año, jugar a la inglesa, esto es, apurar la banda hasta la línea de fondo para colgar un balón a nuestro delantero “tanque” o al medio centro que llega desde una segunda línea, es más sencillo y destapa algunas carencias de los defensas en la anticipación.
Por otro lado, la IA de nuestro equipo también ha mejorado con respecto a lo visto en 2016. PES permite que los futbolistas no controlados por el jugador tomen decisiones lógicas por su cuenta y riesgo dependiendo de su posición en el campo. Es decir, puede que un defensa realice una entrada si se encuentra cerca del contrario que lleva el balón o se anticipe un segundo antes de que tomemos el control de la acción. Esta pequeña asistencia da una mayor credibilidad al juego y nos ayudan a mantener un orden defensivo que se había perdido en la pasada edición. De hecho, defender en PES 2017 es más sencillo, tanto si la opción es temporizar un uno contra uno hasta esperar la ayuda del compañero, como si tratas de presionar o interceptar un pase de gol.
Gracias a esta predisposición de la inteligencia artificial compañera, PES 2017 presenta un juego fluido e incorpora mejoras en el pase a primer toque y en el control orientado, quizá la mayor innovación de esta edición. Ahora, tanto en fase de elaboración como de finalización, los jugadores se asocian mejor, no solo por sus cualidades técnicas, sino por los constantes movimientos de apoyo o desmarque sobre el campo. Los futbolistas realizan paredes con mayor naturalidad, capaces, por ejemplo, de tocar ligeramente la pelota con el exterior del pie —de espaldas a la portería— para rápidamente girarse y llegar a la pared del compañero. El control orientado, que podemos manipular con el stick en el momento adecuado, les permite preparase antes para el siguiente pase o desarmar un marcaje férreo. Los desdoblamientos de los laterales (algo frecuente también en 2016) siguen siendo un arma poderosa para la superioridad numérica, pero ahora es una acción mejor defendida.

Por otro lado, el rol de los centrocampistas defensivos ha cambiado cuando iniciamos la jugada en campo propio, incrustándose entre los centrales para apoyar la salida del balón, lo que nos permite ensanchar mucho más el campo y dificultar la presión del rival. PES 2017 puede ser el título que mejor haya interpretado, hasta ahora, cómo conseguir amplitud en una cancha y cómo progresar si el rival se encierra en su área. En los últimos años, ese partido que hemos visto jugar una y otra vez a España o Alemania contra selecciones más humildes que se repliegan atrás, lo veremos muchas veces en PES 2017. Lo mejor es que el método para desarmar ese entramado defensivo es el mismo que utilizan ambas selecciones en la realidad y lo podemos replicar gracias a este nuevo enfoque de pases y movimientos tácticos fluidos.

 

Táctica y estrategia

«El fútbol es un juego que se juega con el cerebro. Debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde»

– Johan Cruyff

PES 2017 vuelve con las mismas opciones tácticas del año pasado, que ya nos permitía definir dos sistemas para adaptarnos a las circunstancias del partido. De esta manera, podemos convertir fácilmente, por ejemplo, un 1-4-3-3 con balón, en un 1-4-1-4-1 sin balón. La diferencia está en las opciones manuales, tácticas que podemos activar con una combinación de botones en el momento que queramos. Así, podemos mandar a un central a labores de delantero centro, como si fuese Piqué en los últimos minutos de un partido apretado. Podemos incidir en el juego de posesión, en laterales más ofensivos o en interiores que busquen llegar a posiciones de ataque desde la segunda línea. Hay más posibilidades y el juego nos permite marcar un par tanto en aspectos ofensivos como defensivos. Por otro lado, en esta edición vuelve a ser importante la actitud de los jugadores: indicando si esta debe ser más o menos ofensiva, algo útil dependiendo del resultado que refleje el marcador.
Las alternativas son más que suficientes, aunque no suponen una revolución en la saga. El mayor problema que nos encontramos en este sentido es que los roles de cada posición están muy encorsetados. Desde hace varios años, PES tiene en cuenta la posición que desempeña un jugador para determinar su valoración. Por ejemplo, un delantero centro valorado con 85 puntos, puede bajar hasta los 79 si lo colocamos como segunda punta. Pese a que la idea es buena y, hasta cierto punto, realista, en PES diría que son más papistas que el Papa, llevando esta característica hasta el extremo. Bale, por ejemplo y hablando de extremos, puede bajar muchos puntos simplemente cambiándole de banda o retrasando su posición unos metros. El juego penaliza algunas posiciones bastante similares, lo que coacciona al “entrenador” a la hora de formar la alineación. El jugador tiende a adaptarse a esta forma de proceder intentando situar a cada futbolista en su posición ideal, lo que coarta un poco su imaginación, incluso cuando hay alternativas igual de coherentes que las que propone el juego. Para facilitar todo este galimatías de números y estadísticas, al menos ahora si pulsamos en una posición determinada en el once, el juego trasforma automáticamente todas las valoraciones para que veamos de un vistazo la puntuación de los jugadores en una demarcación particular. Un detalle que nos evita ir probando de uno en uno hasta conocer su zona ideal.

La estrategia (acciones tácticas a balón parado) sí que ha cambiado ligeramente con respecto al año pasado. Mientras que los saques de banda y golpes francos permanecen igual, en los saques de esquina podemos variar la posición de partida de los jugadores que esperan para rematar. En línea con lo que vemos habitualmente en los campos de fútbol, en PES 2017 podemos alternar entre acumular jugadores al primer o segundo palo. El resultado de cada córner sigue dependiendo de la fuerza y dirección con la que golpeemos el balón, pero al menos recrea mejor las habituales melés que se forman en el área durante un partido.
En este sentido, en cuanto a las opciones estratégicas, se echa en falta algo más de profundidad en los títulos de fútbol en general. Las jugadas a balón parado son acciones que pueden ser determinantes en un partido y deberían tener una mayor relevancia. Más allá de reducirlo a una cuestión de habilidad y suerte (que también influye en la realidad), no estaría de más un editor para poder decidir la posición de cada jugador, así como asignarle también una breve rutina en sus movimientos. Hablo también en los saques de esquina en contra, en los que optar por un marcaje en zona, al hombre o mixto, en función del rival.
PES 2017 no es un juego perfecto, ni mucho menos, pero consigue entretener desde la óptica obtusa de un simulador de fútbol. Esta edición incorpora un motor de colisiones que interfiere también en el gameplay. Ahora el volumen y la estatura de jugadores como Ibrahimovic, por ejemplo, puede ser determinante para aguantar el balón, resistir una embestida o ganar un lance aéreo, aspecto que no debería ser una novedad, pero que ahora se tiene más en cuenta. Además, PES 2017 muestra una física verosímil en los encontronazos, con desequilibrios y alguna que otra falta por llegar tarde a un salto o por un manotazo no intencionado en la cara del adversario. Los árbitros, una asignatura pendiente desde hace años, ya no son tan injustos con el jugador, aunque en más de una ocasión interpretan mal la ley de la ventaja o reparten algunas tarjetas de forma arbitraria. Nada que arruine, no obstante, su buen funcionamiento en general.

La ambientación de PES 2017 sigue siendo made in Konami, con luces y sombras que conviven dentro de un mismo paquete. Por un lado, verás más reacciones espontaneas por parte de los jugadores, lamentándose por un fallo clamoroso o protestando airadamente la desidia de los árbitros. Incluso el aspecto del público y parte del espectáculo de las retransmisiones deportivas está más conseguido, aunque con mucho margen de mejora. Sin embargo, en el debe, y aunque en general el apartado sonoro “narra” mejor lo que sucede en el campo (me refiero a la hora de recoger el ambiente de un estadio), los comentarios vuelven a ser esa mosca cojonera irritante que nos saca de la experiencia: narraciones repetitivas, mal enlazadas y que, en muchas ocasiones, ni siquiera guardan sentido con el partido que se está jugando. Incluso he escuchado un gazapo (si mi oído no me falla) en el que, tras una gran parada del portero de turno, Carlos Martínez exclama que ha sido una “parada de gran médico”. El mérito, en todo caso, es aguantar sin desactivarlos.

No obstante, el título de Konami ha evolucionado lo suficiente como para minimizar los defectos que tenía PES 2016, mejorando la respuesta de los porteros (con nuevas animaciones y soluciones que antes no tenían) y el timing del resto de jugadores (ahora un punto más ágiles). Sigue, no obstante, suspendiendo en lo que es su mayor talón de Aquiles: las licencias, un lastre que casi es una seña de identidad en la saga, si no fuera porque fue un aspecto en el que se había avanzado mucho el curso pasado. Al menos, si tu plataforma es una PS4 (en PC no es una novedad), se queda en un inconveniente que se puede solucionar con algo de paciencia, a través de las descargas desde el option file (que en esta ocasión deja compartir archivos desde un pen drive), y con la inestimable labor de algunos jugadores con el editor del juego. Un servidor, en poco tiempo, tenía instaladas las primeras divisiones con todos los nombres y escudos reales, además de las indumentarias oficiales de este curso.
No puedo responder a la pregunta de si este PES 2017 es mejor o peor que aquellos PES en la época dorada de la franquicia. No puedo, porque habría que especificar en qué parámetros deberíamos fijarnos para llegar a una conclusión. Si se trata de saber qué juego era más divertido, cada jugador tendrá sus gustos. Nada nos impide seguir disfrutando de los títulos de antaño pese a que, con el paso del tiempo y los avances tecnológicos, tenga ya un carácter más arcade de lo que ofrecen los títulos actuales. Ahora bien, si el baremo es la fidelidad con que se retrata este deporte, atendiendo a las nuevas físicas, los detalles gráficos, la IA compleja, las animaciones, el ambiente, las opciones tácticas… entonces no hay comparación posible. Simplemente, PES 2017 es el mejor de la saga. Al margen de esta sentencia de Perogrullo, lo importante es que los amantes de este deporte ya podemos emular, como nunca, muchos de los planteamientos que vemos por la tele, incluso los de Guardiola, y que nuestra copia virtual aguante las comparaciones.

Imagen de perfil de Red Horse

Red Horse

22 entradas como autor
Si tuviese que definirme lo haría en HD, pero es mejor que sepas que soy un sabiondo caballo antropomorfo que, por encima de todo, adora los videojuegos. Me gusta discutir, incluso cuando llevo la razón; soy periodista y, además de aquí, también me puedes encontrar en START, una revista independiente y atemporal hasta la muerte. ¡Viva el vino!

Etiquetas:

, , , , , ,

Inicio Foros La influencia de Guardiola en PRO Evolution Soccer 2017

Viendo 1 publicación (de un total de 1)

Debes estar registrado para responder a este debate.