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Dead Space 3: En la mente de Isaac Clarke

2013-01-30
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La demencia es ese estado de semi-consciencia donde se mezclan sutilmente la cordura y el surrealismo más inverosímil. Es un proceso, por lo tanto, progresivo donde la mente se degenera en un goteo continuo, incesante y casi irreversible. Un estado de pre-locura, si lo permiten, donde el ser humano no es capaz de discernir entre lo estrictamente real y lo aparentemente surrealista. Sin duda alguna el terror de toda existencia radica en dudar de lo tangible, de lo palpable, como cuando uno se muestra delante de su propio reflejo y duda de que lo que allí se proyecta, sea en realidad la existencia del propio ser. Y así, como quien espera incomprensiblemente a que dicha proyección rompa el silencio y establezca algún tipo de interacción se presenta de nuevo la historia del perturbado Isaac Clarke.

La Efigie ha sido la idea sobre la que siempre ha pivotado la saga Dead Space (Visceral Games, 2008-2013) desde su inicio. La recurrencia en la que se plasma a la perfección aquello de que el hombre, cómo parásito, es el máximo exponente de peligro para su propia existencia. Por una parte, sólo cabe recordar aquello del “homo homini lupus” cuyo significado viene representar que “el hombre es un lobo para el hombre” y por otra, se puede acuñar aquel saber popular que dicta que el hombre es el único ser capaz de tropezar dos veces en la la misma piedra. Estas dos premisas son, sin duda alguna, el arco argumental de toda la obra de terror espacial presentada por los señores de Visceral Games.

Nuevamente recae sobre las espaldas de un dañado Isaac Clarke la responsabilidad de poner orden a tanto fárrago. Dead Space 3 (Visceral Games, 2013) se presenta entonces como un paso más hacia el conocimiento de la incógnita planteada en base a la idea de que la vida y la muerte han sido separadas por una imperceptible línea. Una separación que se diluye entre lo enigmáticamente ilógico y el terror de volver a renacer bajo un manto de sangre, vísceras y malformaciones; a ritmo, eso sí, de extraterrestre zombificado, aquello que se da a conocer como necroformo. Y es aquí donde uno ya no sabe si su misión es la supervivencia a uno mismo, al mal que le acecha o simplemente, busca la redención de una raza abocada a la autodestrucción.

La regla no escrita de que un juego en cada nueva entrega debe sorprender, ya sea por su argumento o por la grandeza del concepto parece cumplirse a la perfección. Isaac Clarke se presenta colgado boca abajo y con los ojos inyectados en sangre. Y entonces las preguntas resuenan como un eco incesante en la cabeza del jugador. ¿Cómo hemos llegado a este estado? Sin tiempo a encontrar respuestas el título lanza al protagonista, nuestro yo convertido en el perturbado superviviente, dentro de un mundo abierto como jamás se había presentando con anterioridad. Lejos queda aquella experiencia casi asfixiante mostrada en Dead Space: Extraction (Visceral Games, 2009) donde el jugador deja, por momentos, de ser un humano de carne y huesos para figurar el frío armazón de acero que representa cada una de las armas mostradas durante el título.

La trama que sugiere Dead Space 3 recoge el testigo de sus antecesores para expandir un mundo recreado dentro de una nave – USG Ishimura – y lanzarlo contra el planeta Tau Volantis. Un nuevo territorio hostil plagado de necroformos, de enemigos demenciados que buscarán darnos caza y por supuesto donde nuestra mente, una vez más, jugará al gato y al ratón de la cordura. Para dicho fin, Isaac Clarke, contará no sólo con la ayuda de nuevas armas que esta vez serán totalmente personalizables o de un equipo que nos dotará de apoyo en ciertos momentos de la trama. Dead Space 3 será así una apuesta ambiciosa que permitirá al jugador adentrarse en un mundo mayor bajo el manto terrorífico de una saga cuyo valor está en el desconocimiento total del contexto.

Y con la eterna duda de saber si esta tercera entrega, con modo multijugador incluido, se alejará definitivamente de la terrorífica experiencia individual del primero, Dead Space 3 se lanza casi al vacío para ofrecer algo más atractivo para el jugador gustoso de la acción en estado puro. Un paso que puede ser definitivo y que sólo será acogida de buen grado si al enfundarse el rol de axioma de la mente de Isaac Clarke a uno le queda el regusto que dan aquellas obras cuya magnitud alcanzan el grado de madurez necesaria para concatenar las situaciones acertadas dentro de un mundo recreado para el padecimiento y la inyección continua de adrenalina. Todo ello a base de sustos y trances que provocarán que el jugador, una vez más, se sienta atrapado contra la espada y la pared, siendo la intuición y la supervivencia las grandes protagonistas de la mundología planteada en éste Dead Space 3.

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Laocoont

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Viviseccionador por definición, observador natural que gusta de lo extraño, de lo rebuscado. Pasión que me llega de una profesión llena de bioritmos cambiantes y variados. La búsqueda de la esencia en los videojuegos, más allá que el puro videojuego en sí, es una obsesión que roza lo patológico. Amante de lo pequeño, de lo que entra sin hacer ruido, de lo extraño y despreciado. Música, literatura y cine son fuentes indivisibles de una misma parte, donde los videojuegos son el catalizador.

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